Ante la irrupción de Podemos: lecciones para una “segunda Transición”

Stampa
Febrero de 2015

Una vez más en nuestra historia contemporánea, la crisis económica y social del capitalismo pone en jaque el sistema político de gobierno. En el siglo XIX la crisis económica de 1860, provocada al estallar la burbuja del ferrocarril, trajo consigo el sexenio revolucionario, con la I República, la revolución cantonalista y el crecimiento de las luchas obreras y sus organizaciones. En estos momentos eran la AIT, la Iª Internacional, después, al final del siglo se fundaría la socialdemocracia con el PSOE y la UGT y ya en los principios del siglo XX la CNT. Los años 20 del siglo XX, traería la III Internacional fruto de la gran revolución rusa y la creación de PCE.

La última gran crisis internacional del capitalismo fue en 1929 y desembocó en la II Guerra Mundial. En España esta crisis, añadida al impacto de la Revolución Rusa de 1917, trajo consigo la Revolución española que comenzó en 1931 con la caída de los Borbones y la proclamación de la II República. Esta revolución tenía por eje central resolver el problema de la tierra con una reforma agraria que sólo se hará efectiva en plena guerra con las colectivizaciones, la expropiación de la oligarquía financiera e industrial, con la creación de un banco público estatal, la nacionalización de las industrias básicas y el control obrero de las empresas.

Este proceso revolucionario tendría su orto en la insurrección popular del 18 de julio de 1936 que frenó el golpe de Estado franquista, y en el proceso revolucionario de las colectivizaciones agrarias e industriales en la zona republicana, creándose una dualidad de poder entre el gobierno republicano y las masas trabajadoras que organizan, mantienen y sostienen la economía y la guerra a través de los comités y las milicias. El ocaso vendrá tras los hechos de 1937 en Barcelona. El gobierno de la Generalitat y el de la República, eliminan los restos del poder obrero, convierten las milicias en un ejército burgués y junto a los ataques de los estalinistas, los revolucionarios son perseguidos y asesinados. El golpe de estado y guerra civil posterior, terminaría con la derrota de las organizaciones obreras y le sucedería la dictadura que duraría 40 años.

El fin del régimen franquista viene también determinado por la crisis económica de 1973. A cada crisis hay una respuesta de la clase trabajadora, propuestas de cambio y alternativas. Para la burguesía se trata de mantener su dominación cambiando, si no hay otro remedio, la fachada del Estado, su forma y las caras de los políticos. En el supuesto de que la clase trabajadora luche, se organice y exija la resolución de sus problemas las organizaciones que se reclaman de clase tienen que dar una perspectiva, una alternativa de clase que permita avanzar hacia el socialismo. Porque más tarde o más temprano cuando una sociedad en su conjunto, en nuestro caso el capitalismo, entra en crisis permanente, no hay otra perspectiva para la humanidad que el cambio a través de la revolución social o la barbarie. Nuestra guerra civil, o la II Guerra Mundial son ejemplos de ello. Y en todo caso, no tenemos otra salida que intentar construir paso a paso esa alternativa de clase que permita el cambio social.

De crisis en crisis el capitalismo está agotado como sistema

En el presente, el capitalismo ha vuelto a entrar en una crisis que ha tocado de lleno a los países más poderosos. Nadie duda ya de la gravedad de la situación económica comparable, incluso peor, a la crisis de 1929. Es tal la gravedad que, al contrario de las crisis anteriores, está afectando al régimen político salido de la Transición. La crisis económica se ha convertido, además, en crisis política. La monarquía parlamentaria y los partidos que sostienen el régimen político de 1978, son incapaces de mantener una situación estable que legitime y haga creíble la política pro capitalista y anti obrera del gobierno. A los problemas sociales y económicos que sufre la población trabajadora se le suma la corrupción política y del estado, y hacen finalmente que el descrédito del régimen político sea imparable.

La crisis abierta desde 2007, permite explicar y desvelar el funcionamiento caótico e irracional de la economía y la imposibilidad de solucionarlo desde dentro del capitalismo. La crisis solo puede tener dos salidas: a favor de los capitalistas, o a favor de la clase trabajadora y las clases populares. La llamada política de austeridad de los gobiernos no es más que la solución de la crisis haciendo recaer sobre los trabajadores y las clases populares el peso de la recuperación de los beneficios de los capitalistas. Hay quien cree que puede haber solución si la política de austeridad se convierte en una política de crecimiento a través de estímulos del Estado. Pero es poco probable, por no decir imposible - sin un cataclismo social y humano- devolver la expansión y el crecimiento del capitalismo en crisis sin cambiarlo radicalmente, porque el capitalismo vive del robo del trabajo colectivo, del dinero y los beneficios obtenidos por la explotación de la sociedad trabajadora. El capitalismo ha agotado su capacidad de hacer progresar la sociedad. Históricamente a mediano o largo plazo solo tiene la salida de la destrucción de mercancías y medios de producción, y son las guerras su medio.

Recordemos con Karl Marx que "la razón última de toda verdadera crisis es siempre la pobreza y la capacidad restringida de consumo de las masas, con la que contrasta la tendencia de la producción capitalista a desarrollar las fuerzas productivas como si no tuvieran más límite que la capacidad absoluta de consumo de la sociedad" (El Capital, TIII, capital dinero y capital efectivo 1).

La crisis económica de 2007 se manifestó a través del aumento vertiginoso del desempleo, despidos, EREs, cierres de empresas, recortes sociales y públicos, desahucios... La primera respuesta social fue la movilización del 15 M de 2011. A partir de sectores de jóvenes, estudiantes, profesionales y pequeña burguesía esta movilización abrió a la política a millones de personas que discutieron y debatieron, se movilizaron y apoyaron la lucha contra los desahucios, las huelgas generales y algunas movilizaciones de trabajadores. La movilización "ciudadana" era reticente a cualquier reivindicación obrera. Su apoliticismo y rechazo a los partidos y en general a la política marcaban sus límites.

Después de la movilización del 15M, el relevo lo tomaron los y las trabajadoras organizados en las "mareas" de los servicios públicos de la sanidad y la educación. Madrid tuvo máxima relevancia en la movilización. "La marea blanca" constituyó la punta de lanza de la movilización contra los recortes e intentos de privatización de la sanidad por parte del gobierno de la comunidad de Madrid. El ciclo de luchas llegó a su cénit con las marchas de la dignidad del 22M en 2014, dónde cientos de miles de personas se encontraron en Madrid, con la reivindicación de "Pan, Trabajo y Techo". La realidad mostraba que el movimiento en la calle contra la situación social y política generaba cada vez posiciones más acordes con las necesidades sociales de los trabajadores. Con el devenir de las movilizaciones, al igual que las capas de una cebolla, se iba desvelando el núcleo del problema: la explotación capitalista del trabajo.

Podemos como expresión de la rabia popular, pero anclado en el oportunismo reformista

La aparición de Podemos en el terreno electoral ha supuesto un cambio respecto a la movilización en la calle. Ésta ha disminuido a la vez que las expectativas electorales aumentaron después de las elecciones europeas que lanzaron a Pablo Iglesias a formar su partido. El fenómeno mediático de Pablo Iglesias se ha transformado en político, recogiendo la cada vez mayor indignación y rabia ante la situación de corrupción del régimen, paro y robo social de los capitalistas. Todas las movilizaciones y acciones llevadas a cabo en estos meses se han manifestado y enfocado a través de la imagen de Pablo Iglesias y su grupo. Las encuestas y el estado de opinión no hacen más que aumentar su fama y sus posibilidades electorales.

En este sentido, Podemos tiene de positivo que expresa la rabia de la gente que está harta de la crisis y ve como salida votar otra opción. Pero este partido delega todos sus objetivos, toda su estrategia, todo su contenido en el terreno electoral de la democracia capitalista. No hay que confundir entre libertades públicas y elecciones parlamentarias; "democracia" y Estado; poder político y poder económico y social. La burguesía nos hace creer continuamente que somos los ciudadanos los responsables al elegir a nuestros representantes de los gobiernos y las políticas que se hacen. Y es necesario comprender y tener conciencia de que el poder político está mediatizado y dominado por el grupo social que domina los medios de producción a través de la propiedad privada. Que su poder se ejerce a través del Estado y el aparato de altos funcionarios y burocracia, el ejército y la policía con sus medios represivos y de una manera indirecta con sus políticos. Los partidos tanto de la derecha, como los socialistas, (PP, CiU, PNV, PSOE), están sostenidos, financiados y controlados por la gran burguesía que educa a sus cuadros a través de las universidades, escuelas de élite y fundaciones. Que dominan los medios de comunicación escritos y audiovisuales a través de los cuales la sociedad conoce y se informa de la actualidad y conforman opiniones de masas, las manipulan, para a través del miedo y la desinformación mantenerse en el poder.

Reforma o revolución

Históricamente las clases dominantes ejercen el control del Estado y reproducen su mentalidad en la sociedad. Cuando por medios de persuasión es difícil o inestable este dominio recurren a la fuerza del aparato de Estado. El problema entre reformismo y revolución se ha planteado siempre cuando la sociedad entra en crisis. Para el reformismo consiste, llegado el punto crítico, en plantear el cambio de sociedad desde la integración en los aparatos del Estado, su "reforma" desde dentro. Para los revolucionarios es imposible cambiar realmente nada, si no rompemos, destruimos el aparato de Estado. Plantear la democracia capitalista como un medio suficiente para desde el parlamentarismo y el electoralismo cambiar la sociedad es engañar.

Desde nuestra posición, sin desmerecer la utilización de las posibilidades de expresión y participación electoral, planteamos que sin la movilización social de la clase trabajadora, la toma de conciencia de clase, la organización de sus propios órganos de gestión y poder, en definitiva la conquista del poder político y la destrucción del estado capitalista, es imposible resolver las crisis del sistema.

Esta posición necesita entender en primer lugar que el lugar del mundo del trabajo en la sociedad es fundamental. Sin los asalariados, la clase trabajadora, será imposible cualquier cambio de sociedad. Que además son la inmensa mayoría y que sólo el control por los trabajadores y la expropiación de los medios de producción, gestionando, planificando socialmente y de una manera transparente y democrática la economía, puede sacar a la sociedad de la crisis.

Esto supone tener esa conciencia de clase que solo viene dada por la lucha colectiva y de un análisis científico de la realidad social. La solidaridad de clase, el apoyo mutuo, la unidad real de los trabajadores en movilización es el arma fundamental al que no podrá sustituir nunca las elecciones. La formación de una alternativa en el mundo del trabajo con sus reivindicaciones, la organización de trabajadores con perspectiva política de acabar con el capitalismo es fundamental en este proceso.

En la actualidad la clase trabajadora tiene un bajo nivel de conciencia de clase. Entre las causas están el abandono por parte de sus organizaciones, sindicatos y partidos de izquierda mayoritarios, de las ideas revolucionarias, socialistas o comunistas, de las ideas del mundo del trabajo frente al capital, y de los asalariados como sujetos de cambio social. En definitiva la aceptación generalizada socialmente del capitalismo como organización social, además del propio trabajo de los medios burgueses han ayudado a esta falta de conciencia de clase que lleva aparejada la aceptación de las ideas individualistas de la burguesía. Este "aletargamiento", de sectores fundamentales de la clase trabajadora impide que aparezca la clase trabajadora con una lucha y un programa independiente de la pequeña burguesía.

Sin embargo, la crisis económica del capitalismo es imparable. Y marca un proceso donde será inevitable comprender que sólo la movilización social de la clase trabajadora y del mundo del trabajo será capaz de frenar los ataques del capital y sus gobiernos. Lo vemos con el proceso de la crisis en España. Desde 2011, con el 15M, hasta el 22M o las mareas. Este proceso, con sus flujos y reflujos, desarrollará la respuesta del mundo del trabajo. Por ello es fundamental construir y formar los militantes en el seno de la clase trabajadora, aportar la información de nuestra clase y perspectivas comunistas, llevar y apoyar iniciativas de lucha, solidaridad y protección de los trabajadores, que preparen pasos en la organización y la conciencia hacia el socialismo.

Electoralismo, oportunismo, versus lucha de clase

En esta situación política y social, parece que la clase trabajadora haya dejado de ser el centro de la sociedad. Ahora sólo hay ciudadanía, profundización democrática etc. Parece que sólo las elecciones pueden cambiar las cosas. Parece que sólo ganando una mayoría electoral podremos mejorar la situación.

En este marco se sitúa Podemos. Nacido del fenómeno mediático de Pablo Iglesias, hunde sus raíces en las movilizaciones del 15M, en la indignación ante la situación social y la corrupción política y la incapacidad de los partidos tradicionales de mantener una credibilidad ante la población. Tras conseguir 5 eurodiputados, se lanzaron a constituir el partido político. Primero hablaron de las elecciones municipales. Después se dieron cuenta que para controlar, homogeneizar y dotar de una dirección al nuevo partido no podían solo con la imagen de Pablo, los medias y su popularidad. Era necesario tener "cuadros", militantes formados que pudieran orientar racionalmente las posiciones de los distintos niveles del partido. Además todos y todas aquellas que buscaban un puesto político y que por oportunismo entraron en los círculos podrían ser un peligro. Pero incluso más peligrosos todavía, para el grupo de Pablo Iglesias, eran aquellos militantes que habían apostado por entrar en los círculos y, estando organizados, podían ser una alternativa a la dirección de Pablo Iglesias. Es el caso de Izquierda Anticapitalista que han organizado multitud de círculos y que se han vistos desplazados de la dirección central de Podemos. Pablo y su grupo no ha aceptado la integración como tendencia política a otros grupos. Es más, ha impedido la doble militancia. Al no poder competir con Pablo Iglesias en el terreno electoral interno han preferido seguir en los círculos locales para obtener puestos en los ayuntamientos y autonomías.

Podemos se sitúa en el terreno electoral, fuera de la lucha de clases y de las reivindicaciones fundamentales de la clase trabajadora. Fuera también de toda perspectiva socialista o comunista, aunque muchos provengan de IU, las juventudes o del partido comunista. Ellos han ocultado, difuminado, incluso negado, toda referencia a sus ligazones o preferencias con los bolivarianos y chavistas, con la izquierda comunista. Pablo se ha alineado con Correa de Ecuador el más moderado de los latinoamericanos, para borrar cualquier mancha que pudiera quitarle votos ante las embestidas de la derecha mediática o socialista.

Su oportunismo busca votos en todo el espectro de los partidos tradicionales. Para ellos la contradicción ahora es la "casta" del 78 y la sociedad. Buscan una mayoría social electoral que les permita ir hacia un proceso constituyente donde fijar las nuevas bases del régimen. Si hacen referencia a los problemas sociales, se quedan en el terreno electoralista de propuestas vagas o de un programa mínimo. Parar los desahucios, aumentar la fiscalidad a los ricos, combatir el fraude fiscal, las 35 horas. Para ellos la fase actual determina un cambio de régimen político con características más democráticas. Su fin es avanzar, sin ser claros por miedo a perder votos, en el terreno electoral y constitucional. Se entiende que ven como fundamental y en primer lugar entrar en el Estado, para después desde ahí introducir medidas sociales y reformarlo. Ellos mismos en el primer documento político después de la europeas decían que era un error de la extrema izquierda proponer en primer lugar medidas económicas y sociales para después ligarlas a la las políticas.

La "casta" para ellos es el grupo social formado por políticos y grandes empresarios que se han perpetuado en el poder desde la Transición. Son "las puertas giratorias" entre los políticos de la Transición y las grandes empresas, son un grupo cerrado de políticos y empresarios que han secuestrado el Estado y la democracia. Otros le llaman "capitalismo de amiguetes". Este concepto permite explicar los problemas económicos, sociales, de corrupción etc., dejando viva la causa real de los problemas de los trabajadores y las clases populares, que no es más que el capitalismo. No hay otra razón para explicar los problemas como productos de una "casta" que buscarle una salida al capitalismo.

Hacer creer que si democratizamos la sociedad podremos eliminar la "casta" es un engaño y una falacia porque la propiedad privada de los bancos y grandes empresas estará a salvo. En una sociedad donde se organiza la producción y el trabajo a través del capital y de los grandes empresarios y cuyo objetivo es el beneficio no hay lugar para otro tipo de organización social donde no domine el dinero y el capital. Es una ilusión pensar que van a cambiar las cosas si no organizamos la producción y el trabajo colectivamente, de acuerdo a los intereses de los trabajadores. La única manera de eliminar el paro, la precariedad etc., es expropiar los medios de producción de la burguesía y organizarlos pública y colectivamente.

No hay buenos o malos empresarios, banqueros o políticos. Es la organización social de la sociedad basada en la propiedad privada de los medios de producción y en el beneficio la que determina el paro, los recortes..., y las crisis. Es la charca estancada del capitalismo la que corrompe todo. Es un problema de clase social que tiene en sus manos estos medios y no de "casta".

En otro orden de cosas y en la hipótesis de que tuvieran mayoría electoral, las presiones de la burguesía serán tremendas si intentan realizar alguna medida en contra de los intereses de los capitalistas. En esos momentos si no hay un movimiento obrero que luche y se movilice, la balanza se irá desplazando hacia la derecha y se convertirá Podemos en el enésimo engaño a la clase trabajadora. Y si mantuvieran una posición fuerte de cara al capital nos encontraremos con un escenario donde al no haber preparado a la población a la reacción, la derrota vendrá segura, si no aparece en la decepción popular la extrema derecha como en Grecia. Es la senda del reformismo: entrar en las instituciones del Estado y de una u otra forma convertir en un callejón sin salida las luchas populares integrándose en el Estado.

Por una alternativa trabajadora y de lucha de clases

La única posibilidad para los trabajadores es luchar y construir organizaciones obreras, un partido político obrero que claramente denuncie el sistema capitalista, la barbarie que se aproxima y proponga una perspectiva socialista o comunista revolucionaria. Para ello los militantes comunistas sabemos que es el movimiento obrero el que tiene entre sus manos la posibilidad de cambiar el rumbo de la historia porque es la clase que lo produce todo y organiza toda la vida social. Y el problema es que la mayoría de los políticos están al servicio de los explotadores y utilizan los votos y las movilizaciones de la clase trabajadora para desviar la energía del pueblo trabajador hacia ilusiones sin salida y/o hacia los intereses de la clase capitalista.

Por eso, sea cual sea nuestra fuerza, la primera tarea de los militantes que quieren preparar las luchas obreras del mañana, es militar en la clase trabajadora para apoyar y aumentar la conciencia de su fuerza y de sus posibilidades. Es urgente crear y mantener núcleos de militantes obreros que defiendan un programa político de reivindicaciones que permita frenar la explotación patronal. A su vez es urgente e imprescindible, defender la idea de que este sistema de explotación, el capitalismo, se puede combatir y derrumbar.

Dar confianza a los explotados es vital. Nuestra primera labor es a través de esa confianza ayudar a que los trabajadores entiendan su papel fundamental en la sociedad, que tengan conciencia de sí mismos como trabajadores explotados. La plusvalía proveniente del trabajo asalariado, es el robo social a toda la clase trabajadora por parte de los capitalistas, no sólo de una empresa o tajo, sea ésta más o menos importante. Por ello la explotación de un o una trabajadora, el despido, su precariedad o el desempleo..., es el ataque de los capitalistas a toda la clase trabajadora, al que hay que responder.

A partir de aquí, hay que explicar por qué es factible además de necesario el reparto del trabajo sin bajar los salarios, prohibir los despidos y expropiar la banca y los medios de producción, si la clase obrera lo impone. Sería un paso hacia adelante para toda la sociedad.

Y tenemos que decir también claramente que tendríamos que participar, si hay de verdad un nuevo proceso constituyente o la perspectiva de reformas constitucionales que cambie la situación, y que las clases populares y la juventud se preocupen del porvenir de la sociedad y aparezcan inquietudes por cambiarla, que abra debates y se extiendan con discusiones políticas en la calle y en las empresas. Es verdad que políticos hábiles acechan para buscar las posibilidades de desviar los movimientos sociales para ponerse al servicio de los explotadores. En tal situación los militantes de la clase obrera tendríamos que impulsar debates y la movilización en la calle y en las empresas. Ya que si no combate la clase trabajadora por sus intereses, cualquier proceso de democratización social y de la vida política sería agua de borrajas.

Por eso es importante que los militantes de la clase obrera, sea cual sea su tradición política, discutan del porvenir del movimiento obrero. Y es urgente que la juventud sepa que se puede construir otra sociedad distinta de la de hoy. Sea cual sea nuestra fuerza en la situación actual o en otras situaciones semejantes, los militantes revolucionarios no tenemos otra fuerza que la que viene de la conciencia de clase de los trabajadores. No tenemos otro futuro que el que se pueda preparar cuando los trabajadores decidan cambiar el rumbo del mundo.

Por ello levantar un programa contra el paro, los despidos, los bajos salarios, por la expropiación de la banca y de los medios de producción, con un control obrero es vital. Aunque cualquier proceso constituyente que pudiera abrir nuevas perspectivas a los trabajadores sería positivo, tendríamos que impulsar la movilización en la calle y en las empresas sin la cual cualquier proceso de democratización social y de la vida política quedaría en nada.