La Transición, del mito a la realidad histórica

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Febrero de 2015

En los libros de texto se define la Transición como el proceso político que dio paso a la "democracia" desde la dictadura de Francisco Franco. Según las fuentes, este proceso terminaría con la Constitución de 1978 o con el triunfo en las urnas de Felipe González en 1982.

En realidad la Transición fue un pacto económico, social, y político entre los representantes políticos del antiguo régimen franquista y la izquierda del momento, PCE y PSOE fundamentalmente, organizaciones que se reclamaban o tuvieron un origen de clase trabajadora y sus organizaciones sindicales, CCOO y UGT respectivamente, más los partidos nacionalistas de la derecha vasca y catalana.

Este proceso aparece en los medios de las clases dominantes y sus intelectuales, como un proceso democrático, pacífico, que abrió una época de crecimiento económico, de mejora social como nunca se había conocido. Liderado por Juan Carlos, Suárez y con el apoyo de Santiago Carrillo, Felipe González y el resto de dirigentes de la época, nacionalistas incluidos, se dejaron los principios programáticos de partido para traernos la democracia. Todos tuvieron el valor de dejar sus particularidades por el "bien común". Las "heridas" del "guerracivilismo" sanaron. España entró en la modernidad.

Desde los poderes del Estado y sus gobiernos se nos dice que la Transición fue un modelo pacífico de paso de una dictadura a una "democracia" donde "todos los españoles" hicimos esfuerzos para llegar a un régimen de convivencia sin vencedores ni vencidos. Podríamos decir que la política de "reconciliación nacional", propuesta por el PCE en 1956, se hizo realidad. "Todos" realizaron el esfuerzo de consenso, pero cuando dicen "todos" se refieren a los dirigentes de los partidos tanto de izquierda como de derecha, incluidos los nacionalistas. Proceso que, liderado por la derecha, con Suárez y el rey a la cabeza, transforma a los franquistas en demócratas, y se arrogaron el mérito de arribar a la democracia parlamentaria.

Los hechos sin embargo, son tozudos. En realidad el proceso no fue pacífico: más de 250 muertos entre los trabajadores y ciudadanos que se manifestaban o expresaban pacíficamente sus reivindicaciones, a manos de las fuerzas del orden, la extrema derecha y la policía secreta. Supuso una pérdida de derechos laborales y salariales, como fueron la eliminación del artículo 35 de la Ley de Relaciones Laborales, por el cual un trabajador despedido era readmitido si el despido era improcedente, y la subida salarial respecto a la inflación pasada con los pactos de la Moncloa. Y como consecuencia de los pactos sociales vino la precariedad temporal con el Estatuto de los Trabajadores, las ETT (Empresas de Trabajo Temporal) y un largo etc.

Las libertades fueron conseguidas a pesar de los franquistas, de Juan Carlos y toda su corte, arrancadas al aparato de Estado tras larga lucha de los trabajadores y las clases populares y no como dicen por la bondad de los políticos y sus pactos, que lo que sí consiguieron fueron poltronas en las instituciones. Con los pactos de la Transición con la derecha neofranquista, el PSOE y PCE, CCOO y UGT, consiguieron su integración en el Estado a cambio de abandonar la lucha para cambiar el capitalismo.

Y finalmente tras la Transición se ocultó la gran matanza del franquismo, sus crímenes impunes, y el silencio promovido también por los socialistas y la dirección del PCE, que firmó la Constitución de 1978. En definitiva, el miedo guarda la viña. Miedo al golpe de Estado, a la represión, a mantener libremente tus críticas, aceptado y propagado por la cobardía del PCE y PSOE en esos años, utilizado por Juan Carlos y la derecha con el 23F. El proceso político de la Transición, tan alabado desde el poder y la izquierda parlamentaria, no fue más que el cambio de la forma de gestionar la economía capitalista. No fue más que el cambio controlado de las élites políticas para mantener la estabilidad del Estado y crear las condiciones necesarias para que la burguesía mantuviera sin problemas el poder. Fue una sustitución parcial del aparato de Estado, de los políticos y la forma de elección de éstos a las Cortes, para que siguiera estable la dominación de la burguesía española y mantener lo esencial del aparato estatal franquista, con la inestimable conformidad y el freno de las movilizaciones del PCE y PSOE.

La Constitución del 78, estableció la ley de leyes del nuevo régimen. Nos equiparó a los regímenes parlamentarios europeos, inauguró el fin de la dictadura y concedió ciertas libertades públicas y derechos civiles y sociales, pero estos derechos no sirvieron para terminar con la explotación capitalista, el paro y la desigualdad económica y social. Al contrario, con la complicidad del PSOE y del PCE - en los inicios-, se protegió, ocultó y mantuvo el sistema capitalista de explotación al servicio de la gran burguesía, la oligarquía financiera y empresarial, que junto al capitalismo mundial, nos ha llevado a la crisis económica actual. A partir de la catástrofe económica en la que estamos inmersos, el entramado político que justificaba el sistema ha mostrado su corrupta falsedad. Es, este régimen político salido de este proceso llamado la Transición, el que ahora está en crisis de legitimidad popular y que ya amplios sectores de la población critican abiertamente.