Hungría: ¡una derrota electoral que debe alentar un despertar obrero!

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Textos del semanario Lutte Ouvrière - 13 de abril de 2026
13 de abril de 2026

A pesar de su control sobre todos los engranajes del Estado y los medios de comunicación, Orbán, el hombre fuerte de Hungría, inquebrantable desde hace 16 años y abanderado de la extrema derecha europea, acaba de ser expulsado del poder, tras sufrir este domingo una dura derrota electoral. 

Esta derrota es también la de Trump, quien puso todo su peso para que ganara enviando a su mano derecha, JD. Vance, a apoyarlo en la campaña electoral. Es una derrota para Putin, quien había hecho de él uno de sus aliados más fieles. Una derrota para todos los defensores de la extrema derecha que, como Le Pen, hacían de Orbán un modelo a seguir. 

Esta derrota ha sido posible porque millones de votantes de las clases populares se han pronunciado masivamente, tanto en las ciudades como en las zonas rurales, para rechazar a Orbán. Y, contrariamente a lo que se oye, la mayoría de los obreros, empleados, técnicos o artesanos no lo han hecho en nombre de principios democráticos abstractos, ni para reforzar la Unión Europea frente a Putin o Trump.

Han rechazado a Orbán porque este los ha sumido en la crisis. En cuatro años, los precios han subido un 40 % y el poder adquisitivo de las clases populares se ha desplomado. Por el contrario, el dinero ha fluido a raudales hacia el mundo empresarial, con escándalos de corrupción de gran repercusión, y Orbán ha beneficiado a todos sus allegados. 

Un rechazo electoral…

Esta reacción de rechazo se ha expresado a través de las urnas. Si se queda en este marco, nada fundamental cambiará para el mundo obrero. El sustituto de Orbán, Peter Magyar, es un antiguo dirigente de su partido, el Fidesz, un hombre del círculo íntimo igual de conservador y antiinmigrante. Como se declara favorable a la Unión Europea, al contrario que Orbán, se le describe como el Macron húngaro. Es decir, ¡que los trabajadores no tienen nada que esperar de él! 

Las masas populares que votaron por él con la esperanza de una vida mejor pronto se sentirán decepcionadas. Y esto, sobre todo porque el mundo entero está sumido en la guerra y se hunde en una crisis cada vez más grave de la que Hungría no escapará más de lo que nosotros escaparemos aquí. 

Para defender sus intereses en este periodo de crisis, la gran patronal se muestra más feroz y brutal. Porque detrás de todas las guerras que se libran, existe otra, oculta pero permanente, entre la burguesía y el mundo obrero. Y esto es válido en todos los países del mundo. Así pues, en Hungría, los vencedores de las elecciones no merecen más la confianza de los trabajadores que la que merecía Orbán. Quien les aseste los golpes quizá tenga el aspecto del yerno ideal, pero no por ello deja de ser un enemigo. 

… y un motivo para movilizarse

El hecho de haber expresado su ira en las urnas y haber expulsado a Orbán debe animar a los trabajadores a movilizarse. Porque la única forma de defender sus intereses es manifestarse en el ámbito social, contra la inflación, a favor del empleo y de los salarios. 

Tanto en Hungría como aquí, la clase obrera no debe poner su destino en manos de tal o cual político, sino tener como objetivo actuar por sí misma para influir en la vida política.

La clase obrera húngara ha demostrado su capacidad de rebelión y organización en el pasado. En 1956, encabezó una revolución contra el régimen dictatorial impuesto por el poder estalinista vigente en la URSS. Quienes hoy aluden a esa revolución la resumen diciendo que «los húngaros querían echar a los rusos». ¡Pero fue mucho más que eso! 

Los trabajadores habían elegido consejos obreros en las empresas, no para restablecer el poder patronal y el capitalismo, sino para tomar ellos mismos las riendas de la sociedad. Reclamaban el derecho a la huelga, la libertad sindical, el reconocimiento de los consejos y la retirada del ejército ruso, principal apoyo del régimen. Querían el fin del régimen policial y el reconocimiento del gobierno de Imre Nagy, al que apoyaban. 

Para lograrlo, se armaron, organizaron milicias obreras, asaltaron las comisarías y resistieron a los tanques soviéticos enviados contra ellos. De este modo, hicieron realidad durante varias semanas aquello por lo que luchaban: un verdadero poder obrero democrático.

Con este rico pasado, los trabajadores húngaros no están condenados a ser juguetes de políticos tan corruptos unos como otros, sino que también pueden escribir la historia. 

¿Esta protesta electoral irá seguida de reacciones obreras? ¡Es lo mejor que podemos esperar para todos nosotros!

Nathalie Arthaud

Editorial de los boletines de empresas del 13 de abril de 2026