Intervenciones de los grupos invitados

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Textos de congreso de Lutte Ouvrière - Diciembre de 2023
3 de diciembre de 2023

Combat ouvrier – Antillas francesas

Este año, no ha habido revueltas, movimientos sociales o huelgas ofensivas en ninguna de las dos islas, Martinica y Guadalupe. Si bien hubo tormentas, no eran sociales.

Situación social

Entre los trabajadores y la población existe un descontento, que por el momento no se expresa con fuerza ni de forma colectiva. Hay cuatro cuestiones principales en la raíz de este descontento:

  • El agua corriente, principalmente en Guadalupe

  • El aumento de los precios

  • La clordecona y el sobreseimiento por parte del tribunal

  • Los daños causados por las tormentas.

La cuestión del agua

Hace poco, sólo 9 de los 32 municipios tenían (oficialmente) agua potable. Pero cuando la Agencia general de la salud tomó la decisión de avisar a la población, mucha gente ya había bebido agua no potable. El agua contiene clordecona, materias fecales, cobre y restos de diversos medicamentos, por citar sólo algunos. Los compañeros que trabajan en la red nos dicen que, aunque el agua esté declarada potable por los funcionarios, no se debe beberla.

Cada vez más gente prefiere no beber agua del grifo y compra agua mineral en grandes botellas de plástico. Con lo cual, esas personas sólo ingieren plástico, por así decirlo… un mal menor, pero que cuesta caro.

Sobre este problema, el nuevo ministro de Ultramar, Philippe Vigier, perdió una buena ocasión de callarse. En el canal oficial Guadeloupe Premiere, contestó lo siguiente a la periodista que lo interrogaba: “Basta con calentar el agua a 70 grados, y luego guardarla en la nevera.” Él que se dice biólogo ni siquiera ha dicho 100 grados, que es la temperatura a la que se mata a muchas más bacterias. Pero ¿y las moléculas de clordecona y de cobre? ¿Se las mata? No. La clordecona sólo desaparece calentándola a más de 600ºC.

Esta respuesta pedante y desenfadada del ministro desagradó profundamente a la opinión pública. Evidentemente, no había comprendido la magnitud del problema y pensó que podía salirse con la suya dando una pirueta ante una población que esperaba soluciones contundentes al problema del agua. El resultado: la primera visita de Vigier a Guadalupe fue un fracaso.

El problema es que toda la red de suministro de agua está podrida. Hay numerosas fugas, la inmensa mayoría de las depuradoras no cumplen las normas y muchas están en avanzado estado de deterioro. Hay que reconstruir toda la red. Pero eso costaría dos mil millones de euros. Así que llevan años haciendo obras provisionales, poniendo parches en las tuberías podridas.

Es un poco como el barril de las Danaides, las princesas condenadas a llenar un barril agujereado en la leyenda griega. Esto es exactamente lo que se hace en el tratamiento de la red de suministro de agua.

La subida de los precios

En 2023, los precios han subido una media del 4% y siguen siendo entre un 28% y un 33% más altos que en el conjunto de Francia. Hasta un 40% más caros en el caso de los alimentos básicos.

El gobierno pretende hacer frente a la carestía de la vida en las Antillas francesas. Primero puso el foco en la falta de competencia en la gran distribución como causa de la carestía de la vida. Declaró que estaría atento a los abusos de posición dominante en determinados sectores comerciales. Sin embargo, no puede nada contra esa realidad, porque supondría hacer frente al lobby beke (los capitalistas descendientes de los esclavistas blancos) de la gran distribución, los concesionarios automóviles y piezas de recambio, en particular. Se enfrentaría a los grupos GBH (Bernard Hayot) y SAFO (familia Despointes), y sólo son dos ejemplos.

El gobierno propone eliminar o reformar el impuesto de arbitrio de mar, considerado responsable de la subida del coste de la vida. Se ha convertido en el mantra del Estado desde hace cierto tiempo. ¿Qué es el arbitrio de mar? Se trata de un muy antiguo impuesto colonial, inventado en 1670 por Colbert, el ministro de Luis XIV. Se impuso sobre todas las importaciones para proteger la producción interior de las colonias – es decir, la de los esclavistas. Una parte era devuelta a los municipios para su funcionamiento. En el principio, se trataba de asegurarse de que la colonia tuviera recursos públicos. Es un impuesto indirecto, que paga el pueblo. Supone una cuarta parte, y a veces hasta la mitad de los recursos de las autoridades locales.

En la realidad, son las grandes empresas las que aumentan sus márgenes de beneficios entre el Hexágono (así se denomina a la metrópoli francesa) y las Antillas. De ahí viene la carestía de la vida. So pretexto del alejamiento y los impuestos, los capitalistas se aprovechan para aumentar sus ganancias, y el Estado nada puede contra ellos. Quien decide de verdad no es el Estado, sino los capitalistas. La discusión sobre el impuesto de arbitrio de mar es una mera cortina de humo. Así que, para que el pueblo, los trabajadores, hagan frente a la subida de los precios, hay que subir los salarios, las pensiones y las ayudas sociales. Para ello, es preciso echar mano de las enormes ganancias de las grandes empresas.

Los huracanes y sus consecuencias

Los huracanes, convertidos en tormentas tropicales, han causado daños en los puentes y carreteras, y también en los barrios. Ahora sabéis de qué va esto, hasta en el Hexágono. En un año, hemos sufrido tres tormentas tropicales: Fiona, de la que hablamos el año anterior, así como Philippe y Tammy.

El problema de la clordecona

Los trabajadores del sector bananero han vuelto a manifestar su descontento porque, si bien los propios plátanos, como producto de superficie, no están contaminados con clordecona, el agua con la que se limpian sí está contaminada por ese producto, por lo que los propios trabajadores están contaminados. Este año, hemos perdido a varios de nuestros simpatizantes por cáncer, entre los cuales Marie-Anne Georges, una candidata de Combat Ouvrier, que estaba con nosotros desde muchos años. Citar su nombre y apellido en esta tribuna es un homenaje militante.

Después del sobreseimiento dictado por el tribunal, el pasado mes de enero se produjeron manifestaciones en Fort-de-France. Hay otras denuncias pendientes. Los expedientes de reconocimiento de enfermedad profesional existen, pero son procedimientos largos y burocráticos, con los cuales pocos trabajadores acaban siendo indemnizados.

Si bien los trabajadores bananeros no se han movilizado este año, los patrones del sector, por su parte, se han hecho oír. Manifestaron en Fort-de-France, y también en Guadalupe. Los grandes y ricos cultivadores han arrastrado tras de sí a los pequeños y medianos para exigir más ayudas y subvenciones. Alegan que, con la prohibición de la clordecona y, en general, la reducción del uso de pesticidas, gastan más dinero para combatir la cercosporiasis negra, causada por el hongo del plátano, lo que había hecho necesario el uso de clordecona. O sea que lloriquean, y el Estado les seca las lágrimas, como siempre.

Cada año reciben entre las dos islas unos 129 millones de euros en concepto de subvenciones europeas. Y siempre están descontentos cuando las tormentas no derriban las plataneras, porque pierden otras subvenciones.

En el plano político

Se nota por parte de los dirigentes locales una voluntad de ir hacia más autonomía, y hasta hacia un estatuto oficial de autonomía. Es más fuerte entre los notables de Martinica que en Guadalupe, de momento. Serge Letchimy, el presidente de la autoridad local, no pierde una ocasión de trasladar al gobierno su deseo de más autonomía, o de una verdadera autonomía y punto. Los notables de las asambleas locales están atentos a qué va a pasar en Córcega y en Nueva Caledonia sobre la autonomía prometida por Macron y la modificación de la Constitución.

Uno de los objetivos de Letchimy y los notables de la mayoría en la Colectividad Territorial de Martinica (CTM) sería obtener, por ejemplo, la libertad de recaudar impuestos o parte de ellos. Ahora Letchimy busca sumar todos los partidos, organizaciones y sindicatos posibles en torno a su proyecto. En todo esto, no hay nada que pueda ser beneficioso para los trabajadores de Martinica. Se trata de una operación de los notables respecto del gobierno. Procuran crear la ilusión de que tendremos una vida mejor cuando ellos, los notables locales, tengan algo más de poder – o sea, lo que París les otorgue.

Mientras tanto, el presidente de la CTM cuida una imagen de buen patriota martiniqués. En la CTM hizo votar el reconocimiento del criollo como idioma cooficial de Martinica junto con el francés. Se aprobó por unanimidad, menos un voto. Hizo levantar solemnemente la bandera martiniquesa y aprobar un himno martiniqués. Son pequeños gestos para complacer al sentimiento regionalista o nacionalista de parte del pueblo. También cuida su electorado de Fort-de-France y de los barrios pobres, de los cuales él viene.

Nosotros tendremos que volver a tomar posición y escribir sobre esta cuestión. No somos independentistas, ni autonomistas. Ante todo, somos comunistas revolucionarios, y como tales planteamos la cuestión. Por supuesto, para nosotros la autonomía no es la solución milagro para todos los males de los trabajadores y las masas pobres. Pero tampoco somos anti autonomistas, en un país cuya historia es una historia colonial. Debemos cuestionar el capitalismo y llamar a su derrocamiento, esto es, llamar a los trabajadores a crear su propia fuerza política, su propio partido, contra los capitalistas y sus servidores políticos – o sea todos los notables. Tanto bajo el estatuto actual como bajo una futura autonomía.

No haremos campaña por tal o cual forma del poder de los notables y los capitalistas. Mientras estos últimos detenten el verdadero poder, al seguir siendo los dueños de la economía, habrá que combatirlos. La autonomía sin que los trabajadores echen abajo el capitalismo sólo será una forma del poder de la burguesía, ya sea en Martinica, en Guadalupe, en otros territorios ultramarinos o en Córcega. Nosotros no contribuiremos a sembrar nuevos engaños entre los trabajadores esgrimiendo la autonomía.

¡Sí a la autonomía de los trabajadores y los pobres, no a la autonomía de los notables y los ricos!

 

The Spark – Estados Unidos

La guerra en Oriente Medio

El tema preocupa a mucha gente, al menos en las ciudades donde nosotros militamos. Es muy diferente de cuando estalló la guerra de Ucrania: entonces escribimos sobre ella en nuestro periódico y en nuestros boletines, pero, incluso entre nuestros círculos más cercanos, teníamos que entablar nosotros las conversaciones sobre el particular. Es verdad que la izquierda se apropió del tema, con unas consignas parecidas a las que se usaron en Francia, poniendo el foco sobre el derecho de autodeterminación para Ucrania sin hablar del papel de nuestro imperialismo.

La guerra en Oriente Medio afecta a mucha más gente, con reacciones más partidarias. A pesar de todo, en nuestras actividades públicas, hemos encontrado a mucha gente dispuesta a pararse a hablar con nosotros. En nuestro entorno, algunos querían discutir los motivos por los cuales Oriente Medio ha quedado dividido hasta hoy en día y del origen del Estado de Israel, pues esa historia no se cuenta en los reportajes. Empezamos a oír a trabajadores negros identificarse con la opresión permanente a la que la población de Gaza está sometida. Más allá de eso, hubo una reacción muy fuerte cuando la tele mostró los desplazamientos de palestinos del norte al sur de la Franja de Gaza, la destrucción de hospitales y de edificios de viviendas.

En cuanto a la extrema izquierda: el principal eslogan del SWP era “defender el derecho a existir de Israel” – de hecho un llamamiento, a veces abierto, a que Estados Unidos incrementara su apoyo. La mayoría de las otras formaciones izquierdistas no hacen mucha diferencia entre los palestinos y Hamás, algunos hasta aplaudieron el ataque de Hamás como una victoria del pueblo palestino.

Para nosotros, la guerra nos ha permitido hablar del papel que desempeña el imperialismo estadounidense en Oriente Medio, incluso en Israel. Y, por razones que desconocemos, esta guerra parece haber abierto los ojos de más personas de nuestro entorno a las realidades de la guerra, algunas de las cuales se horrorizaron ante ella y quisieron hacer algo al respecto.

La política interior

La gran noticia del momento son las próximas elecciones presidenciales, para las que falta casi un año. Pero salvo que ocurra algo imprevisto, ya sabemos quiénes serán los candidatos de los dos grandes partidos: Biden y Trump. Trump está utilizando las cuatro demandas en su contra para contraatacar, intensificando su retórica demagógica contra el gobierno de Biden. Por el momento, esta estrategia parece funcionar, ya que le está permitiendo multiplicar sus apoyos, al menos según los sondeos. Las encuestas, en la medida en que tienen algún valor a casi un año de las elecciones, indican que los demócratas tienen algo de qué preocuparse. Si las elecciones se celebraran hoy, Biden perdería frente a Trump por un margen sustancial. En el Partido Demócrata, hay quienes están refunfuñando y cuestionando abiertamente la edad de Biden. Pero el gran problema para Biden y los demócratas es la situación económica.

La economía va bien... para los ricos. Para el resto de nosotros, ocurre lo contrario. La tasa de empleo de los hombres en edad de trabajar es tan baja que recuerda a las registradas tras la crisis de 1929. Hay más mujeres trabajando, pero por las mismas razones que animan a los empresarios, incluidos los de las empresas más grandes, a contratar cada vez más niños. Pueden pagar a las mujeres y a los niños menos que a los hombres por hacer el mismo trabajo. Más del 10% de los trabajadores de la industria, tanto hombres como mujeres, tienen contratos temporales. Y el 20% de todos los empleados son temporales o a tiempo parcial.

Biden afirma que la inflación se está ralentizando. Quizá, pero no en los productos que compran los trabajadores. Hoy compramos menos cosas con el sueldo de una semana que en los años setenta. Pero lo que está provocando la caída en picado de los ingresos de los trabajadores es la desaparición de las llamadas “prestaciones sociales”, es decir, las pensiones y el seguro de enfermedad. Estas prestaciones sociales forman parte del sistema de seguridad social en otros países industrializados. En Estados Unidos, antes las proporcionaban los empresarios, y ahora se están eliminando progresivamente, salvo para los altos ejecutivos y las profesiones liberales. La esperanza de vida de los trabajadores disminuye desde 2010. No se trata de un efecto estadístico. Puede que Estados Unidos sea el país más rico del mundo, como presumen sus propios dirigentes, pero tiene con diferencia los mayores niveles de desigualdad entre los países industrializados.

Por lo tanto, se considera a Biden responsable del empeoramiento de la situación de la mayoría de los trabajadores, aunque haya aparecido en un piquete organizado por el sindicato del automóvil. Y, hasta ahora, las credenciales de Biden son igual de malas cuando se trata de la cuestión de la guerra, especialmente desde el comienzo de la guerra en Oriente Medio. La gente ve la destrucción de Gaza por Israel en las noticias de la noche, y oye a Biden prometer más dinero y armas a Israel.

Entre los trabajadores, el apoyo a los demócratas sigue cayendo en picado, incluso entre los negros, que han sido su base de votantes más sólida y leal. Una encuesta reciente mostraba que el 22% de los votantes negros están dispuestos a votar a Trump, e incluso más del 30% entre los hombres negros... a pesar de que Trump es abiertamente racista.

El único tema en el que Biden puede mantener algo de apoyo es el derecho al aborto. En 2023 se celebró un nuevo referéndum sobre este tema en Ohio, donde los republicanos tienen mayoría, a iniciativa de organizaciones de defensa de los derechos de la mujer y del derecho al aborto. Se trataba de aprobar una enmienda a la Constitución del Estado para proteger el derecho al aborto. Contó con el firme apoyo de las asociaciones médicas y se vio coronado por el éxito, con la aprobación del 57% de los votantes. Es la séptima vez que la cuestión se somete a referéndum desde que el Tribunal Supremo dictaminó que debe ser competencia de cada Estado. Y la séptima vez que las personas consultadas han dicho que la mujer debe ser libre de decidir. Por supuesto, una enmienda constitucional no garantiza nada. Pero los resultados de estas votaciones y la campaña que se hizo para conseguirlos demuestran que los ciudadanos están profundamente comprometidos con la defensa de este derecho.

La huelga del automóvil

El tema que nos ocupó durante gran parte de este año fue la posibilidad de organizar una huelga en la industria del automóvil, y luego la huelga en sí. Desde el cambio en marzo al frente de la UAW, el sindicato del automóvil, los nuevos dirigentes han utilizado un discurso un tanto radical, que parecía prometer una huelga. En cualquier caso, esta huelga nos parece mostrar claramente el papel que desempeñan los trabajadores del automóvil en la economía y el poder que este papel les confiere.

La huelga fue seguida de cerca por otros batallones de la clase obrera. El hecho de que los trabajadores del automóvil consiguieran algunas de sus reivindicaciones, aunque los medios de comunicación exageraran enormemente esta victoria, dejó claro que, si quieres mejorar tu situación, tienes que estar preparado para ir a la huelga. La huelga de la industria automovilística no fue la única de este año, pero fue con mucho la más importante. Preocupó por igual a los medios de comunicación, a los comentaristas económicos y a los políticos. Los llamados tres grandes – Ford, General Motors y Stellantis – ya no dominan la industria automovilística como en los años 70, cuando representaban el 60% de los trabajadores del sector y el 80% eran miembros de la UAW. Hoy, estos tres fabricantes emplean sólo al 13% de los trabajadores del sector, y la UAW sólo reúne al 20%. La industria del automóvil puede estar fragmentada, con bajos niveles de sindicación, pero sigue siendo un sector altamente interdependiente, y esto es lo que preocupaba a los medios de comunicación.

¿Podría esta pequeña concentración de poder sindical poner en movimiento a todo el sector, y al resto de la economía a su paso? ¿Atraería una huelga organizada por la UAW a miembros no sindicados? Pero la nueva dirección de la UAW dejó muy claro con sus actos, si no con sus palabras, que respetaba las reglas del juego. La “huelga” duró seis semanas. En su mayor parte, los trabajadores fueron espectadores. Sólo había piquetes en 9 de las 86 plantas principales de los tres grandes fabricantes. También había decenas de centros muy pequeños sin actividad productiva. Pero la producción del sector apenas se vio afectada por la huelga. Los medios de comunicación hablaron de una “nueva forma de hacer huelga”. Shawn Fain, el nuevo líder de la UAW, explicó: “Vamos a crear confusión en las empresas. Van a estar preguntándose constantemente qué va a pasar a continuación, y eso va a aumentar el poder de nuestros negociadores”. En otras palabras, fue una huelga como las que hemos visto antes.

Los dirigentes sindicales subrayan que el éxito se basa en su inteligencia, no en la acción de los trabajadores. Y, desde luego, era imposible que los trabajadores tuvieran control alguno sobre las acciones emprendidas en ese marco. La huelga y su marcha fueron decididas por la dirección de la UAW, sin ninguna participación de los trabajadores. Esta “nueva forma de hacer huelga” no era más que un nuevo disfraz de la forma habitual de organizar una huelga desde arriba, sin consultar a las bases. Pero esta huelga puso de manifiesto una nueva y más clara división entre huelguistas y no huelguistas en la misma empresa. Fue supervisada muy estrictamente desde el principio. La nueva dirección sindical incluso canceló la única reunión que había existido hasta entonces, es decir, la visita de los trabajadores en huelga a los locales del sindicato para inscribirse como huelguistas durante la primera semana, y luego cada semana para recibir su paga de huelga.

Se trataba de un proceso puramente técnico, que duraba varias horas, pero que al menos permitía a los trabajadores que querían reunirse hacerlo de forma natural. En cambio, los nuevos burócratas sindicales lo redujeron todo a contactos por Internet. Cada huelguista recibía información sobre la huelga por correo electrónico, y su paga de huelga se transfería directamente a su cuenta bancaria.

Una vez a la semana, Fain, el líder de la UAW, anunciaba a bombo y platillo en Facebook qué centros estaban en huelga, si es que había alguno. Era un poco como ver el sorteo de la Lotería. Los trabajadores podían escribir sus comentarios en la página de Facebook, pero no había debate entre ellos y, tras la primera semana, los dirigentes sindicales dejaron de responder a los comentarios y preguntas de los trabajadores. La actividad se limitó a seis horas de piquete a la semana por cada huelguista, y sólo en los centros realmente en huelga. Esta forma de organizar la huelga dio lugar a concentraciones muy pequeñas en fábricas enormes, y dio a los huelguistas pocas posibilidades de reunirse.

En Detroit hubo una concentración de unas mil personas, pero no se hizo ningún esfuerzo por implicar a más trabajadores. Fue simplemente un truco publicitario organizado frente al Salón del Automóvil. Además de Fain, subieron al escenario Bernie Sanders y otros cargos del Partido Demócrata. Se celebró otro mitin en Chicago, con aún más oradores del Partido Demócrata, así como los dirigentes del sindicato de profesores de Chicago. Otro día, Biden se unió a un piquete... el tiempo suficiente para pronunciar un discurso.

Cuando por fin se anunciaron los acuerdos sobre los contratos, los comentaristas rozaron el éxtasis: “¡Histórico!”, “¡Nadie pensaba que Fain pudiera ganar!” Antes incluso de que los trabajadores tuvieran la oportunidad de votar sobre los contratos, los mandaron de vuelta al trabajo. Esto subrayaba aún más, si cabe, que su aprobación se consideraba una mera formalidad. Pero empezaron a llegar votos en contra de los acuerdos desde algunas fábricas importantes. Fain y otros burócratas de la UAW organizaron entonces un debate especial en Facebook para explicar que no se puede conseguir todo lo que se quiere... ¡como si los trabajadores no fueran conscientes de ello! Un vicepresidente del sindicato llegó a sugerir que los trabajadores no entendían cómo funcionan las negociaciones. Hay que reconocer que los trabajadores no tienen la última palabra. Pero los que dijeron no a los acuerdos han empañado un poco la poca gloria atribuida artificialmente a Fain en los medios de comunicación. En Ford y Stellantis, más del 30% de los trabajadores votaron en contra. Pero en GM, donde los trabajadores habían vivido una huelga colectiva cuatro años antes, el voto negativo casi se impuso entre los trabajadores de producción. Curiosamente, el voto negativo fue especialmente fuerte en los centros que habían estado en huelga.

Por supuesto, durante las seis semanas de huelga, intentamos discutir con los trabajadores lo que estaba pasando y lo que la gente quería. En Ford, un camarada organizó reuniones con unas docenas de trabajadores para hablar de cómo preparar a sus compañeros para la huelga. Durante la huelga, organizamos a algunas personas de los centros en los que estábamos presentes, que no estaban en huelga, para que fueran a los piquetes de otros centros. Los trabajadores que fueron y los que estaban en los piquetes agradecieron la oportunidad de reunirse. Hicimos algunos contactos nuevos, y quizás algunos compañeros de trabajo y algunos militantes entiendan ahora un poco mejor lo que es realmente la burocracia sindical.

Otra huelga está en marcha en Blue Cross. Un camarada que trabaja allí pudo hablar en nombre de los trabajadores que simplemente querían saber por qué había huelga. Obligaron a la dirección del sindicato a organizar una reunión, y otros trabajadores ganaron confianza para plantear sus preguntas. El 23 de noviembre, la huelga duraba ya diez semanas. La mayoría de los huelguistas son mujeres con hijos, que suelen ganar salarios más bajos que en la industria del automóvil. A lo largo de todos estos acontecimientos, hemos proseguido nuestro trabajo militante habitual en los centros en los que estamos presentes, así como la actividad sindical de nuestros compañeros que tienen un mandato.

Nuestra participación en las elecciones

Estamos trabajando para cumplir los requisitos legales para presentarnos a las elecciones del año que viene.

En Baltimore, donde nuestros totales de votos en elecciones anteriores están por debajo del nivel requerido para presentarnos, hemos empezado a recoger firmas para volver a registrar el Working Class Party. Esta recogida de firmas, que también abarca Chicago y California, no es una pérdida de tiempo. Nos han permitido hablar con personas que de otro modo nunca habríamos conocido.

En Michigan, acabamos de organizar un congreso del Working Class Party de este Estado [1]. Entre otras cosas, hemos decidido presentar candidatos el año que viene. Pero los principales discursos de la convención se centraron en dos cuestiones: en primer lugar, las lecciones que hay que aprender de las huelgas en la industria del automóvil y en Blue Cross para las futuras luchas de la clase obrera; y, en segundo lugar, los cambios en la situación internacional, caracterizada ahora por la guerra, que están teniendo una nueva influencia en nuestras actividades.

Debatiendo estas cuestiones ahora podemos preparar nuestro entorno para lo que probablemente será una campaña algo diferente el año que viene.

 

Organisation des travailleurs révolutionnaires (OTR) – Haití

La barbarie de las pandillas

La actualidad de Haití sigue estando dominada por el dominio cada vez mayor de las bandas armadas sobre el país, las luchas de las clases acomodadas y de sus aliados internacionales para aflojar el dominio de estas pandillas, las interminables y ridículas conversaciones sobre una intervención militar extranjera y las repercusiones de esta situación catastrófica sobre las condiciones de vida de la clase obrera, de las masas y del país en su conjunto.

Desde el asesinato del presidente Jovenel Moïse en su residencia oficial en julio de 2021, existe un gobierno oficial, apoyado por las embajadas occidentales. Hay un cuerpo de policía, un ejército embrionario desde hace cinco años e incluso un grupo de paramilitares: la BSAP (Brigada de Seguridad de las Zonas Protegidas). Las misiones diplomáticas internacionales, con su reducido personal, aportan una presencia simbólica. La clase política también está presente. Pero todas estas personas están reducidas a la condición de títeres de las pandillas, que se han erigido en los verdaderos amos de la zona.

Los políticos en el poder se contentan con llenarse los bolsillos, mientras que los de la oposición urden planes para hacerse con el poder. Todo esto mientras las masas apuran el cáliz hasta las heces, mientras el país se hunde.

Por su parte, todos los grandes comerciantes, empresarios, banqueros y compañías soportan a las bandas armadas aceptando pagar un rescate. Ese es su mundo. En el fango, en la suciedad, en medio de cadáveres y toneladas de inmundicia hedionda, siguen, sin vergüenza, extrayendo dividendos de sus actividades económicas, ¡suficientes para compartirlos con los jefes de las pandillas! Esto no excluye, por supuesto, la quiebra de algunos de ellos, incapaces de hacer frente a la situación.

Pero lo que molesta a la clase burguesa no es tanto la situación catastrófica del país, el deterioro de los derechos humanos, el hambre, el desempleo, las violaciones de niños, ni siquiera la violencia de las bandas armadas contra las clases trabajadoras; tampoco que organismos internacionales como la ONU y la OEA sigan denunciando todas estas atrocidades en sus informes; es sobre todo que se han dejado desbordar por las bandas criminales.

Los principales líderes de las pandillas que operan en el área metropolitana solían ser el brazo armado de la burguesía e intervenir en nombre de la patronal en la zona industrial para romper los huesos de los trabajadores que se manifestaban contra las malas condiciones de trabajo.

En nombre de los políticos, intervenían en las calles para reprimir ferozmente a los estudiantes y a las masas de la población que exigían mejores condiciones de vida. Pero hoy, estos criminales se distancian de sus amos y actúan por cuenta propia.

El 80% de Puerto Príncipe, la capital, que cuenta con unos 4 millones de habitantes, está bajo la influencia de estas bandas armadas. Son capaces de llevar a cabo operaciones lejos de sus bases. Ocupan las principales carreteras e instalan peajes. Están en proceso de hacerse con el control de los mares: a bordo de sus lanchas y barcos, mientras comercian con armas y drogas, interceptan los pequeños veleros que unen ciertas comunidades costeras. También disponen de drones que vigilan su entorno inmediato.

¿Llegarán a ocupar el poder oficial y físicamente? Se trata más bien de una cuestión táctica, dado lo mucho que dominan la situación. De los cientos de grupos armados que se han contabilizado, tal vez cuatro o seis sean emergentes, pero se hacen la guerra entre ellos con regularidad. Todos son unos canallas, matan a niños, ancianos y mujeres embarazadas e incendian las casas de los más pobres. El que parecía tener habilidad política, un ex policía llamado Barbacoa, ha sido desbordado por grupos aún más criminales. Pero entre los matones, la idea caló.

Mientras tanto, la clase obrera y las masas siguen recibiendo golpes. Se intensifican los ataques por parte de pandillas, patrones, grandes empresarios y gobierno para apropiarse de todos los frutos de la explotación de la clase obrera y las masas populares.

La zona industrial se está vaciando de sus trabajadores. Una a una, las fábricas y las pequeñas y medianas empresas van cerrando sus puertas, enviando a sus trabajadores a casa sin apenas dinero. Las pocas subcontratas que siguen funcionando en la zona lo hacen con una plantilla reducida. El salario mínimo, que ha rondado los 4 dólares por jornada laboral durante los últimos 35 años, sigue perdiendo valor. El bloqueo de los salarios, la elevada inflación y la devaluación de la moneda local frente al dólar estadounidense son una calamidad a la que se suman los efectos de las pandillas, como los secuestros para exigir rescate, el desvío de camiones de mercancías que provoca una espiral de precios, los costes desorbitados del transporte público, las guerras entre diferentes bandas, etc. Todos estos factores contribuyen al aumento de la pobreza.

Muchos barrios obreros se están vaciando de sus habitantes, expulsados por los ataques de las pandillas. El caso de Carrefour-Feuilles (suburbio de la capital) es un ejemplo desastroso: en septiembre, cerca de 200.000 personas huyeron de sus casas para escapar de la furia de los delincuentes. Decenas, si no centenares, de personas murieron, y muchas siguen desaparecidas. Una vez que los habitantes se marcharon, los criminales saquearon las casas y luego les prendieron fuego.

Desde hace tres o cuatro años, estos ataques criminales se suceden con regularidad, cada vez con el resultado de masacres, con su cuota de muertos, miles de desplazados, huérfanos y familias desestructuradas. Se habla muy poco de ellos, porque la vida de estos pobres trabajadores en paro cuenta poco o nada. Esta desastrosa situación ha llevado a un político a decir que la esperanza de vida en el país es de 24 horas renovables. Para evitar estos ataques asesinos, la gente se atrinchera donde aún puede: detrás de los sacos de arena, detrás de las numerosas barreras instaladas en las entradas de sus barrios.

Desesperados, muchos jóvenes sólo tienen una idea: ¡huir del país! Desde enero, entre 100.000 y 110.000 de ellos han emigrado a Estados Unidos a través de un programa humanitario del gobierno estadounidense, y 600.000 solicitudes esperan respuesta. También huyen a Canadá.

Recientemente, en desacuerdo con su homólogo estadounidense, el gobierno nicaragüense abrió su país como punto de tránsito para los migrantes haitianos. En pocas semanas, decenas de miles de jóvenes han huido de Haití hacia Nicaragua, desde donde esperan llegar a Estados Unidos a través de la frontera mexicana. La magnitud del fenómeno fue tal que el gobierno estadounidense ordenó al gobierno haitiano que detuviera los vuelos chárter desde su territorio y amenazó con procesar a sus organizadores por tráfico de seres humanos.

Casos de resistencia a las bandas

En lo que respecta a las luchas de los trabajadores y las masas contra el auge de las pandillas, se han producido varios “zarpazos” por iniciativa de la población, las operaciones de protección conocidas como Operación Bwa Kale. Pero si bien todas estas iniciativas tuvieron el mérito de validar que sólo la movilización de las masas podía poner fuera de combate a las bandas criminales y al sistema que las hizo nacer, ninguna de ellas duró y ninguna alcanzó a una franja importante de las masas populares. Estos movimientos se extinguieron incluso antes de alcanzar la madurez en términos de organización y conciencia de clase.

Hay que señalar, sin embargo, que existen ciertas zonas donde las pandillas no se atreven a poner el pie por el momento. Recientemente, en Mirebalais, una comuna de 100.000 habitantes situada a 30 km de Puerto Príncipe, la población les plantó cara. Los gánsteres atacaron la comuna hacia las 2 de la madrugada. Pero se toparon con una población que se había preparado. Tomados por sorpresa, huyeron hacia el bosque, disparando en todas direcciones. Los habitantes les persiguieron. Sin munición, algunos se subieron a los árboles para protegerse. Pero fueron pillados como manzanas.

Y la resistencia de los trabajadores

La situación es muy parecida en lo que respecta a la clase obrera. A pesar de la sombría situación, se han producido algunas huelgas, algunos levantamientos en algunas fábricas.

Hace quince días, mientras los obreros se afanaban por sacar la cuota de uno de los pocos días de trabajo que les “ofrecía” el patrón, en plena jornada, la dirección envió un mensaje diciendo: “La fábrica suspende definitivamente sus actividades a partir de hoy. La dirección os informará por teléfono de las consecuencias”, añadía el mensaje. No decía más.

Los trabajadores enfadados pararon inmediatamente. A esto siguió medio día y toda una noche de lucha, durante la cual el jefe y su padre fueron mantenidos en la empresa. Los trabajadores querían una garantía de que recibirían el dinero de los últimos días de trabajo, el dinero de las vacaciones anuales, la prima de fin de año, su periodo de preaviso y una indemnización. Durante más de 16 horas, los trabajadores tomaron el control de la fábrica. Temiendo también por sus salarios, los guardias de seguridad prometieron lealtad a los huelguistas, dándoles las llaves de las puertas y señalándoles dónde se iban a esconder el jefe y su banda. Los trabajadores recibieron ayuda de un director de radio que retransmitió su movimiento en directo.

Así fue cómo se enfrentaron a la policía con éxito, frente a dos tanques y un ejército de letrados, así como a los gánsteres que vinieron a apoyar al patrón. Al final, sobre las 4 de la mañana, los policías dieron el asalto, rompiendo una barrera con un vehículo blindado. Algunos obreros se tumbaron en el suelo para detenerlos.

Pero, mientras estaban en plena pelea, unos responsables sindicales corruptos se reunían en otro local, con otros responsables de la fábrica, a espaldas de los trabajadores en lucha. Una comisión obrera, que es como un comité de huelga, fue puesta en marcha esa misma noche para contrarrestar las maniobras de los sindicatos con el patrón. Los obreros no han ganado y a día de hoy siguen negociando con el patrón.

 

Union africaine des travailleurs communistes internationalistes (UATCI) – Costa de Marfil

El negocio de la CAN lo pagan las clases populares

El gobierno marfileño lleva unos años orientado hacia la preparación de la Copa de África de las Naciones de fútbol (CAN), que empieza a mediados de enero. En Abiyán, las obras públicas, construcción de vías nuevas, cruces, puentes, hoteles de lujo y demás edificios de prestigio, se multiplican.

No cabe detallar aquí las operaciones para echar a miles de familias pobres para dejar sitio a las construcciones – empezaron mucho antes del inicio de las obras. Lo nuevo es que la circulación, ya complicada en tiempos normales, se ha vuelto un infierno.

En horas punta, el precio de un trayecto en gbaka o woro-woro (minibús y taxi colectivo) se duplica e incluso se triplica. Los trabajadores dedican pues la cuarta parte, y a veces la tercera parte de su sueldo a moverse. Si bien existe una sociedad de transporte público, con precio más razonable que el de gbakas y woro-woro, el número de autobuses es tan insuficiente que a veces hay que esperar horas, sin tener garantizado un sitio ahí dentro, por lo petados que están.

Como consecuencia de esta situación, cada vez más trabajadores tienen que quedarse a dormir en el lugar de trabajo y vuelven a casa al fin de la semana. Además, con la inflación en inmuebles suben los alquileres, con lo cual las familias pobres tienen que irse cada vez más lejos, en la periferia de Abiyán, al no ser que encuentren un rincón en un barrio de chabolas.

Uno de nuestros compañeros, que trabaja en la edificación, encontró un trabajo a treinta kilómetros de su casa. Una distancia razonable, pero el coste del transporte diario se monta a unos 2,5 euros, por un ingreso medio diario de 11 euros. Como no se lo puede permitir, duerme donde trabaja.

Riqueza y pobreza

Los ricos gozan de una vida agradable. El centro de Abiyán se parece cada día más a una bella ciudad, con sus grandes vías floridas, sus edificios de lujo, sus centros comerciales, sus restaurantes, galerías de comercio, que se parecen a las de Francia, y a veces más lujosas aún, pues existe en este país una verdadera clase burguesa, con un poder adquisitivo considerable.

Para ellos, la economía va bien. Además de la producción agrícola, que suma la cuarta parte del producto interior bruto (PIB), están el gas, el petróleo, el oro, los diamantes y demás minerales. También están el comercio, el puerto, la industria. El PIB se multiplicó por siete entre 1990 y 2022, unos datos que sobre todo significan que hay dinero en este país, y algunos se hacen de oro a expensas de los trabajadores y los pequeños campesinos.

La situación de los trabajadores viene empeorando. La pobreza se extiende a la gran mayoría de los hogares. Se nota la subida de la pobreza, incluso en las empresas modernas. Hace treinta años, al ver a un trabajador o una trabajadora salir de la fábrica, a veces era difícil, para una persona exterior, imaginar que se trataba de un obrero o una obrera. A día de hoy, los trabajadores de la misma fábrica salen demacrados, desgastados. Son cada vez más los que duermen en la fábrica porque no pueden volver a casa todos los días.

Dos trabajos

Asimismo, ahora es frecuente ver a trabajadores que cumulan dos empleos, por ejemplo, vigilante de noche y obrero de día. Los hay que toman dos turnos sucesivos en la misma fábrica. En la zona industrial de Yopougon hay jóvenes que salen de una fábrica para irse a otra a trabajar. Sacan dos veces un sueldo de dos veces 7 euros, con 16 horas de tajo. A menudo hay que pagar para obtener un empleo.

Hay pocas luchas. Un compañero que trabaja en una pequeña fábrica metalúrgica acaba de vivirlo. Estaba en el turno de noche, su máquina tuvo una avería. Sobre la medianoche, no estaba arreglada, y se les dijo que volvieran a casa, cosa imposible a esas horas tardías. Entonces se pasaron la noche dentro de la fábrica. Pero al día siguiente tenían un cero en el fichaje, incluso en el del mecánico que se había empeñado en arreglar la avería – sin lograrlo, puesto que se trataba de un problema eléctrico y no había técnico de electricidad de turno. Los trabajadores, todos jornaleros, no protestaron, por miedo a ser despedidos y encontrarse sin dinero.

Otro ejemplo del miedo. Se trata de una fábrica en la cual apareció un panfleto por primera vez. La explotación es muy dura allí. Al ver el papel, sin siquiera leerlo, un trabajador reaccionó negativamente, diciendo: “Aquí vienes a arreglártelas, y esa gente viene a arruinarte el trabajo.”

En otra empresa, un viejo trabajador acostumbrado al panfleto dijo: “Está bien lo que escriben, pero no hay que olvidar que tenemos que mantener a nuestras familias.” Semejante reacción se observa delante de las fábricas de la zona industrial de Yopougon. Un joven trabajador dijo: “Este papel, ¿qué es lo que hace?” y otro le dijo: “Da rabia, pero si nos echan, los que reparten este papel no vendrán a ayudarnos.”

Asimismo, hay desconfianza hacia todo lo que se parezca a un sindicato. Hay miedo, y también un sentimiento de traición y decepción. En su amplia mayoría, los trabajadores son jornaleros, y hay muchos despidos. El trabajador citado antes lleva cuatro años en la misma empresa, pero mediante una subcontrata. Tiene un estatuto de jornalero, no tiene vacaciones ni nada. Cuando no hay pedidos, le dicen que se quede en casa, sin sueldo, por supuesto. Y puede suceder que lo llamen de repente para currar sábados y domingos, o que lo obliguen a echar horas extra.

Hace poco, su jefe lo echó de su sección. Estuvo dos semanas sin trabajo. Luego tuvo que negociar con un jefecito de otra sección para integrar un equipo, trabajando las dos primeras semanas gratis, so pretexto de formación. Su trabajo consiste en sellar cajas de cartón y cargarlas en paletas. Se trata de una empresa bastante moderna, que produce por cuenta de grandes multinacionales. Para esos pesos pesados de la industria, la vida de un trabajador no cuenta.

En el sector de la construcción, no va mucho mejor la cosa. En caso de accidente laboral, incluso mortal, no suele haber problemas para el patrón. Éste se las arregla con la administración corrupta para salirse con la suya.

La degradación de las condiciones de vida y trabajo de la clase obrera se inició en enero de 1994 con la devaluación del 50% del franco CFA y viene empeorando en los últimos treinta años. Si bien no se muere de hambre en Abiyán, la situación va a peor. Cada año viene con más privaciones, y unas condiciones de existencia más difíciles para los trabajadores.

Puede que hayamos subido un nuevo grado, lo notamos alrededor de nosotros. Hay gente pobre que duerme en la terraza de una farmacia o una tienda cualquiera, ahí dónde se puede proteger de la lluvia. A menudo, duerme allí el vigilante. A veces, también se puede ver una familia, con niños. Son cosas que antes no se solía ver.

Los vendedores callejeros, llamados banabana, son cada vez más numerosos en las calles de Abiyán. La mayor parte viene de los países vecinos. Dicen que existen redes especializadas para esta actividad, lo cual no es de sorprender, visto la situación económica y política de aquellos países. Existe una red guineana para las vendedoras callejeras. Trabajan por cuenta de quienes las hacen venir, por decenas. Por la noche, incluso sobre las nueve, mientras todavía hay atascos en las calles, ahí están, deambulando entre los coches para proponer sus mercancías a los conductores y a los pasajeros.

Situación política

Puede que nos estemos encaminando a una crisis de sucesión del presidente Ouattara, que está en la mitad de su tercer mandato. Los oponentes cuestionaron su reelección, puesto que la Constitución establece el límite en dos mandatos.

Los próximos comicios presidenciales son para 2025, pero entre bastidores, ya ha empezado la batalla de sucesión. Bedié, uno de los tres líderes que polarizan la vida política del país desde hace tres décadas, murió este año. Junto con Alassane Ouattara y Laurent Gbagbo, estaba en todas las crisis políticas, las matanzas étnicas y xenófobas desde 1993 y la sucesión del primer presidente del país, Houphouët-Boigny. Cada protagonista se apoyó en su etnia y su región para llegar al poder. Terminó en un baño de sangre y la escisión del país en dos partes. Forma parte del pasado, pero las mismas causas pueden producir los mismos efectos.

Desde la muerte de Bedié, dos pesos pesados ya están en la carrera por ser elegido el candidato de su partido. Uno de ellos es Jean-Louis Billon, de una rica familia franco marfileña, considerado el hombre más rico del país. Con sus 30.000 empleados en Costa de Marfil, abandera su posición de primer patrón del país después del Estado. El segundo precandidato, Tidjane Thiam, también es un rico financiero internacional. Hace unos años, ostentaba el cargo de director general del segundo banco de Suiza. Es pariente de la familia de Houphouët-Boigny. Parece que goza del respaldo de algunos caciques del partido. Al igual que el presidente Ouattara, Tidjane Thiam ha pasado la mayor parte de su carrera en el extranjero, y no se metió en los altibajos de la vida política marfileña.

El ex presidente Laurent Gbagbo regresó a Costa de Marfil hace unos años, tras estar diez años encarcelado en Países Bajos por el Tribunal Penal Internacional. A pesar de su edad, ya ha declarado que será candidato en 2025 si su partido le da la investidura. De momento, este partido, el nuevo Partido de los Pueblos Africanos (PPA-CI), no marcha muy bien, y han tenido pésimos resultados en las elecciones locales.

Ouattara, ahora presidente, deja en suspenso su posible cuarto mandato presidencial. Sea como sea, algunas personas de su entorno ya se expresan en ese sentido. Y si no es candidato, tendrá otro asunto que arreglar en cuanto a su sucesión, puesto que su partido, el RHDP, está entre las manos de hombres de negocios, enriquecidos a la sombra del poder. Esos hombres se le parecen, pero él no parece inclinarse por dejarles una herencia. Quizás por eso mismo hace tres años nombró como vicepresidente al ex gobernador del BCEAO, quien tomaría el relevo en caso de poder vacante. De esta manera apartó al presidente de la Asamblea Nacional, que hasta entonces era el sustituto oficial del presidente, por ejemplo, en caso de fallecimiento de éste.

Pero da el caso que este vicepresidente, aunque venga del Norte como Ouattara, no parece gozar de un gran respaldo dentro del partido, con lo cual, pueden pasar muchas cosas de aquí a 2025.

Ya se verá si Ouattara y Gbagbo logran pactar un acuerdo o si están dispuestos a la pelea, lo cual trae consigo el riesgo de reactivar el etnismo y la xenofobia y llevarnos a otra nueva crisis política, con la consiguiente barbarie.

 

Worker’s Fight – Gran Bretaña

El teatro político

La última peripecia de la farsa política ha sido la marcha del gobierno de Suella Braverman, ministra del Interior, racista, hostil a los inmigrantes, aunque por ironía ella misma venga de la inmigración.

No la han despedido por xenófoba ni por hostil a los migrantes, ni tampoco por llamar “marchas del odio” las manifestaciones contra el bombardeo de Gaza por el ejército israelí. Lo que le costó su puesto fue su negativa a cumplir las órdenes y su ambición de sustituir a Rishi Sunak como jefe del Partido Conservador. El nuevo ministro de Interior, el ex reservista del ejército británico James Cleverly, sí que sabrá obedecer.

¿Será capaz de impedir que los refugiados crucen el Canal de la Mancha en sus pateras, así como lo han prometido los Tories (conservadores), y expulsarlos a Ruanda? Ya veremos. Para hacerlo, sería necesario que Gran Bretaña escape de la jurisdicción de los dos tribunales que administran la justicia internacional, en el marco de la UE y la ONU, ya que bajo este régimen del derecho internacional el Tribunal Supremo británico decidió que los proyectos del gobierno con Ruanda eran ilegales.

Es poco probable que el gobierno llegue hasta ese punto, al no ser que decida dejar al próximo gobierno laborista un rompecabezas de los buenos.

Hacia un regreso de los laboristas

Hay elecciones legislativas previstas en los próximos doce meses. Los conservadores llevan 20 puntos de retraso respecto al Labour Party en las encuestas. Simplemente no pueden ganar. Para ellos, todo ha ido a peor después del voto del Brexit en 2016. Hoy en día, el 57% de la población piensa que el Brexit fue un error, y no es de sorprender: es la mayor causa de la inflación galopante en Gran Bretaña.

Los conservadores tienen cuentas pendientes. Por si fuera poco, su gestión indignante de la pandemia de Covid es recordada cada día por una misión oficial encargada de estudiarla. La decisión de imponer el confinamiento demasiado tarde conllevó el tercer mayor balance al nivel global en porcentaje de muertos.

Hace dos semanas, un responsable científico explicó cómo, entonces, el primer ministro Boris Johnson (quien dejó el estudio de las ciencias a los 15 años), no entendía nada: ni la estadística, ni los gráficos, ni la diferencia entre los riesgos relativos y absolutos… Se supo que Johnson y Sunak pensaban que había que dejar morir a las personas mayores. De hecho, 40.000 de ellas murieron en los dos primeros meses de la pandemia.

Hace poco, el ministro de Finanzas Jeremy Hunt presentó el presupuesto de otoño. Los espíritus burlones subrayaron que le iba a resultar difícil dibujar una “línea roja” entre su política y la del Partido Laborista. Los líderes laboristas en los Comunes están pues entre los más derechistas de la historia del partido, lo cual no es poca cosa para quien recuerda la época de Tony Blair…

Cuando los nacionalistas escoceses del SNP presentaron en el Parlamento británico una resolución para exigir un alto el fuego en Gaza, el líder laborista, “sir” Keir Starmer, prohibió a sus diputados votar a favor. Respalda al cien por cien las represalias de Netanyahu. Fue Starmer quien, en 2020, apartó a Jeremy Corbyn, el anterior jefe laborista, que usaba un lenguaje más de izquierdas. Lo acusó de ser un antisemita por apoyar la causa palestina. El Partido Laborista hizo suya la definición del antisemitismo establecida por la Alianza Internacional por la Memoria del Holocausto, según la cual algunas críticas de Israel son puro antisemitismo. Ahora bien, jurídicamente, el antisemitismo se considera un crimen de odio.

Afortunadamente, hasta ahora se ha detenido a poca gente por este motivo. Pero en la última manifestación londinense por una “Palestina libre”, la policía repartió un panfleto que avisaba a los manifestantes de no cantar eslóganes que pudieran apoyar el terrorismo o ser antisemitas – sin más precisión.

Las luchas obreras liquidadas

El año pasado, hablamos mucho aquí de la serie de huelgas que desde el verano habían abarcado a varias categorías de trabajadores.

Este año, se ha tratado de capitular, y era previsible. El gobierno y la patronal resistieron a las huelgas, que se agotaron. No recibieron un apoyo verdadero por parte de los laboristas: con la mirada puesta en las elecciones, el Partido Laborista no quiere que lo acusen de relaciones con las luchas de la clase obrera. Se acabó el juego, los huelguistas han sufrido una derrota, a pesar de no haber llevado la lucha colectiva necesaria. El dirigente sindical Mick Lynch, del sindicato de ferroviarios RMT, acaba de pedirles a sus miembros que voten a favor de una propuesta de acuerdo peor aún que la que la propia dirección sindical rechazó hace seis meses. Los trabajadores están cansados de las huelgas de 24 horas que no llevan a ninguna parte, y con los gastos de Navidad en perspectiva, es probable que lo acepten.

El otro gran batallón de huelguistas en 2022 y a principios de 2023 fueron los carteros. Están muy amargados. Tras cuatro meses sin ser llamados a huelga, sin noticias de los dirigentes sindicales, finalmente fueron invitados a votar en julio sobre un convenio malísimo, pero que sus dirigentes recomendaban aceptar. Después de 18 días de huelga repartidos en 10 meses, en vano, estaban hartos… al final el 76% de los carteros votaron el convenio. Éste vale para tres años; establece una subida salarial del 4% en los dos próximos años, y una prima de 500 libras. Estando la inflación en torno al 8,9%, esto supone una reducción del salario real. Los carteros también se ven golpeados por una serie de EREs. Los trabajadores de clasificación han sido informados de que ya no son necesarios. ¡Pero trabajan sin descanso! Se ejerce presiones sobre ellos para que se vayan, pero con una indemnización reducida a la mitad. También se los incita a que se pasen al reparto, lo cual supone tener el carné de conducir, o ser capaz de caminar.

A fin de cuentas, ninguna categoría de trabajadores ha salido mejor parada con las huelgas. Los conductores de trenes y los médicos del NHS (la sanidad pública) no han firmado el convenio, pero está por venir.

La situación social

La situación de la clase obrera no es brillante. Según datos oficiales, 14,5 millones de personas viven en la pobreza, o sea más del 20% de la población. El último presupuesto del gobierno, al mismo tiempo que baja los impuestos de la patronal, reduce las ayudas sociales para los desempleados de larga duración. No hay dinero para el NHS, deficiente, que tiene a 7,8 millones en listas de espera. Sería sorprendente que le sistema de salud no colapse este invierno.

 

Bund Revolutionärer Arbeiter – Alemania

Otra crisis política

Desde mediados de noviembre, el gobierno alemán está sumido en una nueva crisis política. Para tapar la amplitud de su endeudamiento, había escondido varios cientos de miles de millones de subvenciones a la patronal metiéndolos en unos fondos especiales que no aparecen en el presupuesto oficial. Pero ocurre que el Tribunal Constitucional acaba de declarar ilegal el uso de esos fondos. El gobierno, que, por supuesto quiere mantener las subvenciones a la patronal, debe encontrar urgentemente otra fuente de financiación para esos 60.000 millones de euros, un detalle.

Los tres partidos del gobierno – SPD, Verdes y liberales – se pelean por saber si cabe agravar el déficit, subir los impuestos al gasóleo, eliminar ayudas a los desempleados y a las familias pobres... y puede que acaben haciéndolo todo a la vez.

No se trata de la primera crisis de ese gobierno; todas son crisis relacionadas con el empeoramiento de la situación económica.

Como trasfondo, una degradación económica

Es de recordar que, entre 2010 y 2019, Alemania estuvo en una situación un tanto excepcional. La producción industrial había subido durante diez años, y superaba el nivel de antes de la crisis financiera de 2008. Pero desde la pandemia, la producción no ha vuelto a alcanzar ese récord. En 2021, bajó hasta niveles de antes de 2008, y sigue desde entonces una curva descendiente, por los varios motivos que se conocen: subida de los precios, en particular de la energía, achicamiento del mercado global y especialmente del mercado chino, medidas proteccionistas en Estados Unidos, etc.

Con el fin de garantizar las ganancias enormes de la patronal a pesar de un entorno económico más difícil y procurar responder al Inflation Reduction Act estadounidense, el gobierno derrama subvenciones inauditas sobre las grandes empresas. Pongamos algunos ejemplos: 15.000 millones para Intel y MSC para la construcción de dos fábricas de chips; 30.000 millones para subvencionar el precio de la luz de las empresas industriales; 2.000 millones para ThyssenKrupp y otros varios miles de millones para las fábricas automovilísticas en nombre de la “transición ecológica”.

Los regalos a la patronal los pagarán las clases populares; y para justificarlos, la patronal y el gobierno han lanzado una campaña catastrofista, diciendo que, si no se reduce masivamente el coste de las empresas industriales, Alemania pronto ya no tendrá industria. Se dirigen a las clases populares, que sufren las graves consecuencias de la subida masiva de los precios para decirles: “Para nosotros los patrones, sufrimos igual. La subida de los precios, en particular la energía, nos lleva a la ruina. Por eso el Estado tiene que rescatarnos.”

Esta campaña viene cobrando credibilidad porque la respaldan no sólo todos los partidos parlamentarios, sino también los sindicatos. Y lo que es peor, los sindicatos llaman a los trabajadores a salir a la calle para reivindicar más ayudas a la patronal, versionando el chantaje de que, si no lo hacen, las fábricas serán deslocalizadas o cerradas.

Los sindicatos piden en particular que la industria no pague más de 4 céntimos el kilovatio/hora, cuando los consumidores – es decir, sus propios empleados – pagan en promedio 40 céntimos. Con semejante “reivindicación” el sindicato de química movilizó a 8.000 trabajadores de BASF en Ludwigshafen. La semana pasada, IG Metall movilizó a 10.000 metalúrgicos en Duisburgo. La patronal está muy contenta y paga el sueldo de quienes van a Duisburgo manifestar.

Se trata de una campaña infame, que desarma a los trabajadores justo en el momento en el que la patronal y el gobierno se ponen más agresivos para proteger las ganancias capitalistas a pesar de la bajada de las ventas, justo cuando, al contrario, lo que toca es preparar a los trabajadores a defender su existencia contra la clase dirigente.

Antes, las consecuencias de la bajada de producción apenas se hacían sentir entre los trabajadores. La actividad parcial se mantiene en niveles bajos y el total de las horas trabajadas ha sido este año el más elevado desde la reunificación del país. Eso podría cambiar muy pronto: en las últimas semanas, varias grandes empresas anunciaron EREs, incluso cierres. ¿Cómo luchar contra los ataques, si – es lo que dicen los sindicatos – los patrones tienen sí o sí que reducir sus costes de producción? ¿Cómo defenderse contra las medidas de austeridad, que pronto van a llegar, si son “necesarios” los regalos a la patronal?

Toda la campaña actual sobre la supuesta necesidad de salvaguardar la competitividad de la industria alemana se parece mucho, y es casi idéntica a la que el canciller Schröder llevó a cabo a principios de los años 2000, para preparar ideológicamente la introducción de las leyes Hartz, que provocaron la caída de los salarios y extendieron la precariedad y las jornadas parciales no deseadas. Al igual de lo que pasó entonces, la campaña actual viene con una propaganda abyecta contra los supuestos aprovechados.

La extrema derecha lo tiene fácil

Todo lo dicho es inquietante. En vez de dar la voz de alarma, los sindicatos difunden la idea de que la patronal y los trabajadores tendrían que luchar juntos contra un gobierno que no respaldaría suficientemente la industria.

Así es cómo le hacen el juego a la extrema derecha, que también propaga la idea de que los problemas de la economía alemana vienen del precio de la energía y que la política errónea del gobierno es responsable de ello. Hablando de política errónea, se refieren a las sanciones contra Rusia y al supuesto “fanatismo climático”. Según dicen ellos, el gobierno SPD-Verdes-Liberales estaría arruinando los fundamentos de la industria alemana al tomar demasiadas medidas obligatorias para “proteger el clima”. Han organizado una verdadera caza de brujas contra un movimiento de jóvenes que se ponen en las grandes vías y obstaculizan la circulación, para reivindicar más medidas ecológicas, tachándolos de terroristas peligrosos.

Su propaganda cala, sobre todo porque las clases populares pronto empezaron a detestar al gobierno, en el seno del cual los Verdes son muy visibles, y que se pasa el tiempo en rivalidades políticas entre los tres partidos, mientras una parte cada día mayor de la población no llega a fin de mes por la subida de los precios.

En las últimas elecciones regionales en Baviera y Hesse, en octubre, los partidos de gobierno se desplomaron, mientras el partido de extrema derecha AfD logró un resultado récord para Alemania occidental, con respectivamente el 14,5% y el 18,4% de los votos.

Los refugiados como chivos expiatorios

El fortalecimiento del AfD desencadenó una campaña contra los migrantes, con los partidos de gobierno y la derecha en la oposición haciéndose competencia en las propuestas antirrefugiados, para contrarrestar al AfD. Los refugiados, de los cuales tres millones llegaron entre 2015 y 2023, son acusados de ser responsables de todos los males de la sociedad, y en particular, de la falta de viviendas baratas, de plazas en las guarderías y las escuelas – mientras que la escasez existía antes de su llegada.

Como resultado, la idea de que Alemania estaría desbordada por un flujo inmanejable de refugiados se hace común, y nos la encontramos en todas las conversaciones.

Es muy probable que la brecha entre comunidades se agrande aún más a raíz de la masacre en Gaza. El gobierno alemán tiene una actitud especialmente intransigente: hasta dijo Scholz que “no puede haber en Alemania dos opiniones diferentes” al respecto. Todos los alemanes deberían apoyar a Israel y su “legítima defensa” por la supervivencia de los judíos y de su Estado.

Todos los partidos en el Parlamento lo apoyan. Desde la extrema derecha hasta Die Linke, votaron un apoyo sin condiciones a Israel. Los sindicatos cantan la misma canción.

No se puede afirmar que la propaganda unidireccional haya convencido a la mayor parte de la población, sin embargo, muchos alemanes ya no saben qué pensar y se callan. Para poder hablar de ello, a menudos tenemos que entablar una conversación hablando del peligro de guerra imperialista global, porque ese peligro preocupa a mucha gente.

El silencio entre los no inmigrados viene a reforzar la sensación de que todos los alemanes comparten la posición del gobierno. Muchos inmigrados, en particular los de Oriente Medio o Turquía, entre los cuales la mayoría están indignados ante la masacre de palestinos, tienen la sensación de vivir en una realidad paralela. Muchos no se atreven en expresarse en público. En las empresas o en nuestras actividades militantes, tenemos nosotros que decir lo que pensamos primero, para que se abran a la discusión. Los hay que nos dan las gracias. Esas conversaciones son una oportunidad para explicar que no es una guerra de religión entre comunidades, y que como comunistas revolucionarios pensamos que todos los explotados tenemos que luchar juntos contra el imperialismo y contra todos los opresores. Entre los inmigrados recién llegados, entre los cuales hay muchos sirios, afganos e iraquíes, nuestras ideas pueden hacer eco a lo que han vivido personalmente – un buen número de ellos viene de huir de las guerras imperialistas y de los integristas de su país.

 

Lutte ouvrière – Isla de La Reunión

Desempleo y pobreza récord

La Reunión es una provincia francesa con tristes récords. El más preocupante es el dato del paro. En el primer trimestre de 2023, unas 153.790 personas estaban inscritas en Pole Emploi, la agencia de empleo, o sea el 18% de los 873.000 habitantes. Se trata de la tercera provincia más pobre de Francia, después de Mayotte y la Guayana. En tres años, las condiciones de vida de las clases populares se han degradado a causa de la inflación. Entre julio de 2022 y julio de 2023, según datos del Instituto de Estadística (el Insee), los precios de la alimentación han subido un 8,2%; los productos frescos, un 7%. En 2018, la subida de precios, en particular la de los carburantes, provocó el movimiento de los chalecos amarillos, que paralizó la isla durante tres semanas.

Como respuesta a las reivindicaciones de la población, el gobierno Macron y su entonces ministra de Ultramar, Annick Girardin, habían propuesto una revisión del “escudo-calidad-precio”, agujero sin fondo al que recurren todos los prefectos de la isla cuando el problema del poder adquisitivo se vuelve acuciante. A pesar de este escudo de cartón, la vida es cada vez más cara para las clases populares.

La pauperización en todas sus dimensiones

La pauperización de las clases populares no es sólo económica. A este respecto, quisiera subrayar algunas peculiaridades sociales que socavan la sociedad reunionesa.

Según datos oficiales, en 2022 La Reunión era el cuarto territorio en términos de violencias machistas: el 15% de las mujeres son víctimas de violencias en la pareja, o sea tres veces más que en el Hexágono. También es el territorio francés más afectado por los problemas relacionados con el síndrome alcohólico fetal. La agencia regional de salud lo define así: “La forma clínica más frecuente […] es causa de trastornos del desarrollo neurológico, fracaso escolar, trastornos de conducta, delincuencia y detención, consumo de productos en la adolescencia.” No es nada inevitable que una región productora de alcohol vea cómo su población se hunde en el alcoholismo. En cambio, el paro y las condiciones de vida demoledoras son llevadoras de esa plaga, que viene arruinando la salud física y más aún la salud moral.

Uno 120.000 reunioneses son iletrados, o sea el 23% de la población. ¡Este dato ha sido por así decirlo constante en los últimos 40 años! Por lo tanto, no son los días de lucha contra el analfabetismo o las “casas de leer” de las asociaciones – por muy benévolas que sean éstas – los que solucionarán el problema.

En cuanto a diabetes, el 13% de la población adulta está afectada, con dos veces más pacientes que al nivel estatal.

Una economía de subvenciones en modo insular

Debido a la crisis, muchas pequeñas empresas están a punto de quebrar. En cambio, los negocios de los grandes grupos capitalistas, en particular Hayot, Leclerc, Ravate, Tereos etc. que controlan la gran distribución, el bricolaje o la alimentación marchan bien. Les han perdonado el impuesto de beneficios para cinco años en las zonas francas urbanas (ZFU), y reciben millones de euros de subvención por parte del Estado y de la UE, que al nivel local reparten la provincia y la región. Cuando se trata de repartir regalos a los capitalistas, la región se lleva el premio. Viene dirigida desde 2021 por una alianza de izquierda, encabezada por Huguette Bello, una ex dirigente del Partido Comunista Reunionés (PCR) que se fue para montar su propio partido, el PLR (“Pour la Reunion”).

Buen ejemplo de su política de regalos a las empresas es la movilización de capital para rescatar la aerolínea Air Austral. Esta empresa pertenecía al 99% a Sematra, una sociedad mixta de la que la región poseía el 73,5%. Air Austral se estaba desmoronando bajo el peso de una deuda de 250 millones de euros, y la presidenta de la región hizo un llamamiento al “patriotismo” de “los inversores reunioneses”. Un grupo de inversores privados, entre los cuales Run Air, un grupo liderado por Michel Deleflie, patrón de Clinifutur, se presentó como comprador… con la condición de que se perdonara la deuda de la empresa. Mensaje recibido al cien por cien por la región, el Estado, la provincia y la Comisión Europea, que autorizaron un apoyo de 119 millones de euros para reestructurar la empresa. La provincia, que es otro accionista de Sematra, otorgó una subvención de 5 millones de euros; por lo tanto, son ya 185 millones de euros de deuda borrada en beneficio de Run Air, que ahora controla el 55% de Air Austral. Huguette Bello, nombrada presidenta del consejo de vigilancia de la empresa, se alegró de una operación que ella considera “un gran orgullo”. Por su parte, Michel Deleflie, que quería ganar en todo el tablero, como buen capitalista, no dudó en recordar que el objetivo es “trabajar duro” por “garantizar la rentabilidad y la competitividad” de Air Austral.

Huguette Bello también protagonizó el 1 de diciembre, en nombre del pluralismo de la prensa local, el voto en la asamblea regional de una ayuda de 660.000 euros para uno de los dos diarios de la isla, en peligro de quiebra. Inmediatamente el otro diario, el Journal de l’Île de la Reunion (JIR) pidió una ayuda similar porque su situación no era mejor. Otro diario, Le Quotidien, creado hace 47 años por el industrial reunionés Alfred Chane Ki Chune, estaba cargado de deudas; la hija del fundador despidió a la tercera parte de los periodistas, lo que provocó una caída aún mayor del número de ventas. Si no hay un comprador fiable a mediados de diciembre y el tribunal de comercio confirma la liquidación de la empresa, 150 trabajadores perderán su empleo. El patrón de la imprenta local que saca el JIR es candidato a la compra, y su plan consiste en eliminar los derechos de los periodistas, y sustituirlos por ChatGPT para ahorrar en salarios.

Los aprovechados de la crisis

La presidenta de la región va a tener otra oportunidad de demostrar su devoción a los intereses de la burguesía, a mayor escala: acaba de ser nombrada por un año en la presidencia rotativa de las nueve regiones ultraperiféricas de la Unión Europea (Guayana francesa, Guadalupe, San Martín, Martinica, La Reunión, Mayotte, Canarias, las Azores y Madeira). Este nombramiento la coloca en la puerta de las instituciones europeas proveedoras de dinero público. Podrá hacer de intermediaria por cuenta de los valiosos emprendedores que lloriquean por el dinero estatal y europeo. Lo mismo hacen los políticos de todos los colores al servicio del sistema.

Respuestas obreras

La ofensiva patronal se hace sentir en todos los sectores. Se producen huelgas contra los despidos, contra las malas condiciones de trabajo y por subidas salariales. Pongamos unos ejemplos.

Los chóferes basureros de Derichebourg hicieron huelga en varias ocasiones para exigir que la dirección de la empresa les facilite camiones de recogida que cumplen las normas de seguridad. Los camiones no son arreglados y son un peligro para todos. Ha habido más de veinte accidentes laborales, y en un mismo equipo de cuarenta, las tres cuartas partes están de baja por motivos de salud, según los sindicatos.

El mes pasado, los trabajadores de la red de transportes del este, SPL Estival, con 126 empleados, hicieron una huelga de seis días contra una serie de despidos decididos por el mandatario judicial y la dirección, pues la empresa, que arrastra una deuda de 2,9 millones de euros, está en fase de concurso de acreedores. Los trabajadores llevaban meses notando un despilfarro general y los sindicatos lo venían denunciando. El director fue cesado, pero los seis alcaldes de la comunidad, o sea los ordenantes, no asumen responsabilidad, y cada uno acusa al vecino. En cambio, todos están de acuerdo en que su negligencia la paguen los trabajadores.

La huelga ha sido masiva. Casi todos los autobuses estaban parados. Para los huelguistas, la consigna era simple: ¡ni un despido!

Una coordinadora de sindicatos ha dirigido la huelga. Los compañeros de Lutte ouvriere hemos militado porque los huelguistas tomen la dirección de la huelga entre sus manos, pero en realidad los trabajadores se mantuvieron al margen y confiaron en la dirección de los sindicatos.

Sin consultar a los huelguistas, los miembros de la coordinadora sindical propusieron soluciones a la dirección, incluso bajadas de sueldos asumidas públicamente. Los huelguistas estaban enfadados, pero eran menos, y no fue suficiente para organizar una dirección nueva. Los sindicatos han pausado la huelga, a la espera de nuevas negociaciones.

En noviembre, los sanitarios del conjunto hospitalario (CHU) se lanzaron a la huelga para pedir más recursos materiales y humanos. Se ha presentado la huelga como una victoria, porque al cabo de unos días de movilización en la puerta de los centros hospitalarios del norte, del sur y del oeste, los huelguistas han logrado que el gobierno aumente el coeficiente geográfico – del 31 al 34%. Esta medida aportará unos 15 millones de euros más al CHU, pero no es suficiente, porque la deuda del establecimiento supera los 80 millones. Sobre todo, la medida no satisface a los huelguistas, que siguen reclamando la contratación en fijo de más de 1.100 trabajadores precarios.

La CGTR

Mientras la patronal ataca y la inflación erosiona el poder adquisitivo, la dirección confederal de la CGTR está metida en peleas internas. El secretario general ha sido acusado de malgastar el dinero del sindicato y cesado por la comisión ejecutiva y el comité confederal, que son los dos organismos dirigentes, dos años después de iniciar su mandato. Se ha apartado a la mayoría de los miembros del buró salido del congreso de 2021 e implementado un buró de transición. En nombre de sus respectivas estructuras sindicales, siete miembros de la comisión ejecutiva que no estaban satisfechos fueron a un tribunal para ajustar cuentas con ese buró de transición, al que acusaban de no cumplir los estatutos. El pasado 10 de noviembre, el tribunal de Saint-Denis nombró una mandataria para “por una parte, garantizar el funcionamiento de la confederación; y, por otra parte, garantizar el cumplimiento de los estatutos”. Esta persona desempeñará durante seis meses – y a expensas del sindicato – el papel de secretario general de la CGTR.

Esta situación sin precedentes indigna a muchos militantes de la CGTR e incluso más allá del sindicato. Nosotros seguimos siendo responsables de la Unión Regional del Este, por lo que nos dirigimos a los miembros recordándoles los principios que defendimos en el último congreso, en 2021: que el sindicato debe ser una escuela de la democracia obrera, en donde los trabajadores deben encontrar su sitio. Con ese objetivo, habíamos propuesto revisar los estatutos para abrir la comisión ejecutiva a todos quienes quisieran involucrarse y dedicar su buena voluntad y su tiempo a la elaboración de la política del sindicato y de sus actividades. Nuestra propuesta fue rechazada.

¡Al final, los ajustes de cuentas en un pequeño círculo cerrado han llevado a entregar el mando de la organización sindical a manos de una representante oficial del Estado burgués! Nunca pues las cosas habían quedado tan claras.

Mayotte

Las noticias, reportajes y viajes ministeriales no han dejado de poner el foco en la situación catastrófica en Mayotte. Penuria de agua, autobuses y coches apedreados, operación policial “Wuambushu”, pandillas de jóvenes abandonados, carestía de la vida, nada de lo que les amarga la vida a los Mahoreses ha sido solucionado. En cambio, todo eso alimenta la política autoritaria y xenófoba de Darmanin y Le Pen.

Política

Cinco de los siete diputados reunioneses son de izquierdas, pero pasan desapercibidos comparados con la presidenta regional o la alcaldesa socialista de Saint-Denis. A principios de este año, con el movimiento contra la reforma de las pensiones, tomaron algunas posiciones similares a las de los sindicatos, pero en general no se separan mucho del nacionalismo. Así pues, con comunicados y gestos parlamentarios, con el pretexto de oponerse a la política del gobierno central, suman sus voces al concierto contra los “zoreils” (los blancos de la metrópoli).

A veces da para reírse. Un diputado de Nupes (alianza de izquierdas) del Este, Jean-Hugues Ratenon, participó en la polémica que desataron dos militantes nudistas al hacer senderismo desnudos, con la mochila, en los derroteros de la isla. Los medios han contado diversas reacciones indignadas, y el diputado se ha sumado, por puro nacionalismo gregario, diciendo que “es inadmisible, escandaloso, profundamente chocante. […] Nosotros los reunioneses no compartimos esa cultura que se parece mucho a la depravación.”

 

Lutte ouvriere / Arbeidersstrijd – Bélgica

Bélgica, sede de la OTAN

En las declaraciones bélicas de los dirigentes de los países de la UE, Bélgica no sobresale; pero son apariencias tramposas.

El cuartel general de la OTAN está en Bélgica, y la industria armamentística belga también quiere su cuota del botín. Los cazas F-16 entregados a Ucrania por los países miembros de la OTAN serán mantenidos por Sabena Technics en Bélgica – y la empresa se muestra muy satisfecha con el contrato. El ejército belga no es una excepción. El presupuesto militar se dispara, también las contrataciones: han anunciado 4.000 reclutamientos para 2024, un récord que hay que comparar con el estado catastrófico de la enseñanza. La escasez de docentes lleva a eliminar muchas horas lectivas, pero ahí no hay contrataciones. En cambio, el ministro responsable de la enseñanza francófona se plantea en voz alta bajar los salarios de los docentes.

En la enseñanza profesional y técnica se ha abierto una nueva formación muy en fase con la actualidad: la de “profesiones de defensa y seguridad”.

Agravación de la explotación

En las empresas, la explotación es cada día peor. En las subcontratas de Audi, los eventuales son llamados una hora después del inicio del equipo, cuando los jefes han contado el número de ausentes y el volumen de producción que hay que sacar. Son contratos de unas pocas horas, durante las cuales a veces hay que producir el equivalente de una jornada completa. Los que se niegan caen varios puestos en la lista de eventuales. En la propia Audi, la dirección anunció varios sábados trabajados, pero en vez de los sábados, los trabajadores se encuentran con varios periodos de paro. Por ahora, las decisiones de la dirección del grupo sobre el futuro de la fábrica, en la que se produce un modelo eléctrico que llega a fin de ciclo, están supeditadas a la evolución de la situación de Audi en China, la de la movilidad eléctrica en Europa, la guerra de Ucrania, la próxima guerra que va a estallar en alguna parte, etc. Ante las dudas de la dirección y el anuncio de la “suspensión” del segundo modelo producido en la fábrica, se extiende la preocupación entre los trabajadores.

Con todo ello, las ganancias acaban de batir nuevos récords, a pesar de un volumen de producción y de ventas a la baja. Los dividendos del grupo Volkswagen, dueño de Audi, han subido un 80% desde 2019.

¿Boicot o huelga?

El conflicto social que viene marcando el año ha sido el de los supermercados Delhaize, una empresa que lleva un tiempo siendo propiedad del grupo holandés Ahold. En febrero de 2023, la dirección del grupo hizo público su proyecto de franquiciar los 128 supermercados que todavía explota directamente, lo cual supone un ataque mayúsculo a las condiciones laborales y los salarios. ¡Con la pérdida de las primas y la antigüedad, algunas trabajadoras perderían hasta el 25% de su ingreso! Las empleadas más mayores temían que los nuevos dueños de la franquicia las echaran. Hubo reacciones de los trabajadores en todas las tiendas afectadas. Duraron varios meses, con una gran simpatía de la población, a pesar de los agentes judiciales, las amenazas con multas, etc. Pero en ningún momento las direcciones sindicales han buscado ampliar el movimiento, extenderlo al sector de la distribución, aunque ni una cadena de supermercados se haya salvado de las reestructuraciones en los últimos meses.

Peor aún, la idea central del movimiento no fue la huelga sino el bloqueo y el boicot. Se pedía a los clientes que boicotearan a Delhaize, y los almacenes quedaron bloqueados varias veces. Con estanterías vacías y la pérdida de clientes, se suponía que Delhaize no lo tendría fácil a la hora de encontrar candidatos para las franquicias. Se invitaba pues a los clientes que se fueran a comprar en Aldi, Lidl, Carrefour o Colruyt… donde las condiciones laborales no son mejores. El resultado fue sobre todo aislar a los trabajadores, y lo mismo los supermercados se están franquiciando, tal y como quería la dirección. Los dirigentes sindicales acaban de sacrificar no sólo los salarios y las condiciones laborales y de vida de las trabajadoras y trabajadores afectados, sino también la mejor implantación sindical en el sector.

Hacia nuevas crisis políticas y ataques sociales

El gobierno parece que va a aguantar hasta las próximas elecciones, previstas en junio de 2024… pero una crisis política el día después de las elecciones es muy probable. En las últimas elecciones en 2019, más del 20% de los votos válidos fueron a partidos que nunca estuvieron en el gobierno.

En Valonia, el Partido de Trabajo de Bélgica (PTB) es quien mejor aprovecha el descontento. Se trata de un partido con referencia maoístas, que se presenta como a la izquierda del Partido Socialista (PS). En Flandes, es la extrema derecha, el Vlaams Belang, mantenido al margen del poder por un “cordón sanitario”. Según las últimas encuestas, el PTB lograría el 19,2% de los votos en Valonia, y en Flandes, el Vlaams Belang se convertiría en el primer partido, con el 23,3%.

Formar una coalición de gobierno será un ejercicio aún más difícil que en las últimas elecciones. Los nacionalistas flamencos han anunciado que sólo darán su apoyo a una coalición si se acepta dar un paso más en el desmembramiento del país. Es seguro que la crisis será aprovechada para colarnos otra nueva reforma de Estado – y es bajo esta forma cómo se dan los mayores ataques sociales en Bélgica. Quedan pocos poderes en manos del gobierno federal, o sea, competencias que a su vez puedan ser traspasadas a las regiones. Si descartamos el ejército, el trozo que queda sin desmembrar es el sistema de seguridad social.

Los trabajadores de las tres regiones belgas deberán encontrar una vía para defenderse juntos, lo cual no es simple. A los valones, los políticos del PS dirán que los flamencos son responsables de los nuevos ataques. Siempre dicen que a causa de esos flamencos que votan a la derecha, los socialistas se ven obligados a hacer lo contrario de lo que han dicho… Es verdad que la extrema derecha es menos fuerte en Valonia, pero en realidad es por su dispersión. Un partido con más credibilidad sabría desviar parte del electorado del PTB. En el fondo, los trabajadores de Flandes tienen las mismas preocupaciones y, por tanto, los mismos intereses que los de Valonia.

 

Sınıf Mücadelesi – Turquía

Hace un año ya no se podía hablar de crisis económica en Turquía, sino de un colapso; este año las cosas no han ido a mejor. Se puede dar algunos datos.

En 2018, el banco central turco aún tenía 28.000 millones de dólares en reserva, y hoy día ya no tiene reserva sino un agujero de 56.000 millones de dólares. La cotización de la libra turca no para de caer. En 2018, hacían falta 5 libras para tener un euro a cambio. Ahora, son 31, o sea que la cotización se ha dividido entre 6. Como resultado, unos precios más caros, y una población que sufre en su día a día las consecuencias de la inflación. El precio de un pan de 200 gramos ha subido de 1,25 libra en 2018 a 8 libras ahora. El precio de un kilo de tomares ha pasado de 4,60 libras en 2018 a 25 libras en noviembre de este año. El conjunto de los precios de alimentación ha subido un 531% en dos años, entre septiembre de 2021 y noviembre de 2023. 27 millones de personas sólo sobreviven gracias a la poca ayuda que reciben por parte de los municipios o y de varias asociaciones de apoyo mutuo. El precio del alquiler ha sido multiplicado por tres, y en algunos casos por cuatro, hasta tal punto que, en la prensa, se pueden leer cada día noticias sobre agresiones entre propietarios e inquilinos, y a veces hay muertos. Otro hecho significativo: a principios de este año, el 73% de los jóvenes, viéndose sin futuro alguno en Turquía, querían marcharse del país, y en noviembre ya eran más del 80 %.

La evolución política

En ese contexto de degradación económica, política y social, la oposición se juntó para las elecciones del pasado mes de mayo. Formaron una Alianza Nacional, compuesta por seis partidos alrededor del CHP, el Partido Republicano del Pueblo, que se presenta como socialdemócrata. Parecía avecinarse el fin del régimen de Erdogan... pero no fue así.

Se entiende al examinar cuál ha sido la política de ese CHP socialdemócrata desde 2015, y la composición de dicha Alianza Nacional. Los cinco partidos que se juntaron con el CHP son todos de derechas, incluso algunos de extrema derecha, partidos reaccionarios sin una base entre la población. Durante la campaña electoral, la alianza no dijo nada ni hizo ningún gesto susceptible de provocar esperanzas o ilusión. Su campaña electoral giraba en torno a eslóganes totalmente vacíos, tipo “mañana todo irá bien”.

Según lo previsto en la última Constitución, Erdogan, que ya había cumplido dos legislaturas no tenía derecho a presentarse otra vez en la elección presidencial. El CHP ni siquiera denunció ante la justicia para impedir su candidatura, con el argumento de que, de todos modos, iba a vencer a Erdogan en las urnas. Por lo que no era necesario insistir en la aplicación de la ley.

El candidato de CHP, Kiliçdaroglu no se atrevió a explicar lo que habría hecho al llegar al poder de verdad. Prefirió orientar su campaña en contra de los inmigrantes, especialmente los sirios.

Otro hecho significativo: a principios de enero, en algunos barrios y produjeron manifestaciones espontáneas contra las subidas de precios. Muy pronto fue el CHP con sus aliados para pararlas, explicando que esas manifestaciones favorecían a Erdogan.

Un ambiente reaccionario

Erdogan y su partido ganaron las elecciones, y en parte se debe al fraude. Ya en las elecciones de 2015, cuando era posible que perdieran, pusieron en circulación varios millones de papeletas no válidas, y así ganaron.

La victoria de Erdogan y su partido no ha cambiado la situación económica catastrófica. Como mucho han cambiado el ministro de Economía, poniendo a uno que en realidad ya fue ministro y que Erdogan tachó de estafador. Para liderar el banco central eligieron a una mujer venida especialmente desde EE.UU., supuestamente una experta en temas financieros. También han realizado trámites con Catar y Arabia Saudí para obtener préstamos, pero hasta la fecha no han tenido mucho éxito. El gobierno también procura ganar dinero con la venta de propiedades estatales. En marzo del año que viene, están previstas elecciones municipales. Toda la vida política se orienta hacia ellas y el gobierno de Erdogan busca aparentar, a pesar de la crisis.

Al mismo tiempo, el gobierno sigue con su política represiva, con las detenciones arbitrarias de militantes de izquierdas, militantes kurdos, o simplemente periodistas que han producido artículos un tanto críticos. Esa situación mantiene un clima de terror entre los militantes e incluso entre una parte de la población.

Para la clase trabajadora, la situación es catastrófica a causa de la inflación desenfrenada y de la crisis. Hay alguna que otra reacción, incluso alguna que otra huelga en fábricas de tamaño intermediario. El descontento se extiende, en particular entre los 150.000 trabajadores metalúrgicos. Por ahora, esperan el resultado de la negociación colectiva para el próximo convenio. Sin embargo, los sindicatos no hacen nada para movilizar a los trabajadores. Recuerdan las luchas del año 2015, cuando fueron desbordados, y prefieren evitar que vuelva a ocurrir.

 

[1] Videos de las intervenciones en el congreso del Working Class Party disponibles en http://www.workingclassfight.com.