A pesar de un nuevo récord de abstenciones, los resultados de la primera vuelta de las elecciones municipales en Francia tienen en vilo al mundo político. Primero, porque el suspense sigue siendo total en muchas grandes ciudades. Segundo, porque todos los partidos quieren convertir estas elecciones en una demostración de fuerza de cara a las presidenciales.
Esta agitación política para presentarse como el más fuerte o el más guapo está muy lejos de los intereses de los trabajadores, y resulta ridícula.
Independientemente de quiénes dirijan las ciudades o el país, en los próximos meses la situación será más difícil para el mundo laboral y los habitantes de los barrios populares. No solo porque la gran patronal seguirá congelando los salarios y acentuando la explotación, sino también porque habrá menos profesores en las escuelas, menos camas en los hospitales, menos construcción de viviendas asequibles y menos dinero destinado a todos los servicios útiles para la población, ya que el dinero se destina al aumento de los presupuestos militares.
La nueva guerra desencadenada por Trump y Netanyahu en Oriente Medio está llevando, de hecho, al mundo hacia una guerra generalizada y agrava la crisis de la economía capitalista al hacer que vuelvan a dispararse los precios del petróleo y del gas y, de forma indirecta, de todos los demás productos. Como en cada crisis, el Estado acudirá al rescate de los capitalistas y nos pasará factura, aunque ya la estemos pagando en parte en las gasolineras.
Y, sobre todo, se concreta el riesgo de que nuestros propios hijos sean enviados a morir a la guerra por los intereses de Total, Vinci o Dassault, en el estrecho de Ormuz, en el Líbano, en Ucrania o en cualquier otro lugar.
Ni los partidos de derecha y de extrema derecha ni los de la izquierda institucional cambiarán nada de fondo en la evolución catastrófica del sistema capitalista. Porque todos se alinean con la política de la gran patronal que explota a los trabajadores.
Aunque algunos denuncian el imperialismo estadounidense y la espiral bélica que ha desencadenado al atacar Irán, todos coinciden con Macron a la hora de defender los intereses del imperialismo francés.
Todos estos partidos están de acuerdo en aumentar el presupuesto militar. Todos han aprobado el envío del portaaviones Charles-de-Gaulle a Oriente Medio. Todos se alinearán detrás del jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, quien, ante el último congreso de alcaldes, instó a la población a "aceptar perder a sus hijos" y a "sufrir económicamente". Entonces, ¿cómo pueden pretender proteger a la población?
No habrá un futuro feliz para los trabajadores y los pueblos oprimidos en el marco de esta sociedad capitalista. Construir un partido comunista, revolucionario e internacionalista es indispensable para combatir y derrotar la dictadura del gran capital, tan rapaz como asesina.
Una construcción de este tipo exigirá la irrupción de los explotados en la escena política a través de sus movilizaciones, sus luchas y las huelgas masivas. Pero hay que trabajar en su desarrollo desde hoy mismo, reuniendo a trabajadoras y trabajadores conscientes de que su bando representa una alternativa al dominio de la clase capitalista.
En eso se empeña Lutte ouvrière y por eso hubo listas de "Lutte ouvrière – El bando de los trabajadores" en 243 municipios, que reunieron a 11.000 candidatos. Estas listas obtuvieron unos 74 600 votos, es decir, un 1,20 % de los votos de media. Consiguieron 24 escaños, entre los que se encuentran trabajadores de la automoción, un conductor de autobús, una empleada de la SNCF (trenes), profesores, un conserje de edificio o incluso una costurera…
Estos resultados son muy modestos, pero nuestras listas han expresado el rechazo a los representantes de los partidos que se disputan la gestión de un sistema capitalista cada vez más desigual, reaccionario y belicista.
Han afirmado su pertenencia a un bando y a una perspectiva: que el mundo obrero rechace las divisiones en su seno y luche por refundar la sociedad sobre bases colectivas. Han expresado el rechazo a ser sacrificados en aras de los beneficios de los capitalistas en una nueva guerra imperialista mundial. Representan un estímulo y un punto de encuentro para quienes no aceptan la explotación, la injusticia y la caída en la barbarie.
Refundar un partido que represente los intereses de clase de los trabajadores y se proponga como objetivo la emancipación de todos los explotados de este planeta es la única salida y el verdadero camino para recuperar la confianza. La clase trabajadora representa una fuerza inmensa a escala internacional. Esta fuerza hoy se ignora a sí misma, pero será irresistible si se organiza y cuenta con una política para cambiar la sociedad de arriba abajo.
Nathalie Arthaud
Editorial de los boletines de empresas del 16 de marzo de 2026