La actividad se reanudó la semana del 7 de septiembre en las distintas plantas de Airbus en España, tras la firma de un acuerdo de principio.
A pesar de ello, el movimiento no ha terminado, ya que los trabajadores siguen haciendo paros y celebrando asambleas frente a una dirección que continúa intentando tenderles trampas para evitar que esta huelga siente un precedente.
La reanudación de la huelga a finales de agosto, tras las vacaciones, ha demostrado definitivamente, por si aún hacía falta, que los huelguistas se enfrentaban a una dirección dispuesta a todo con tal de intentar acabar con el movimiento. En julio, la dirección ya había podido contar con el apoyo de un sindicato dispuesto a traicionar a los huelguistas para que la huelga se detuviera momentáneamente. En septiembre, fue el Gobierno socialista el que intervino en el conflicto. Por mucho que el ministro de Industria se presentara como un conciliador, muy pronto todo el mundo se dio cuenta de que, en realidad, era un aliado de la dirección. La reunión en la que se firmó el acuerdo se celebró sin los representantes de los huelguistas, pero con los sindicatos, desde fuera y en contra de la huelga. Al defender la «necesidad del diálogo social» y el fin del conflicto para una empresa altamente «estratégica», el ministro presionó para que se reanudara el trabajo.
La dirección, por su parte, no se considera especialmente vinculada por los acuerdos ni por sus propios compromisos. Las supuestas negociaciones le permiten ganar tiempo mientras organiza, por su cuenta, un referéndum en la empresa en el que tanto los huelguistas como los no huelguistas podrían votar sobre un acuerdo que ni siquiera está finalizado.
Ante esta situación, muchos trabajadores son conscientes de haber aprendido mucho en los últimos meses. Algunos dicen haber obtenido un «máster en luchas». Y, de hecho, al enfrentarse a la dirección de uno de los mayores consorcios europeos y a sus aliados de las burocracias sindicales y del Gobierno, los huelguistas han visto claramente que su fuerza provenía de su unión y del hecho de que el movimiento se organizara, desde el principio, desde la base en asambleas donde se debatían todos los problemas.
Todo ello quedó patente en las intervenciones al término de la manifestación del 12 de septiembre, que reunió a huelguistas de las distintas plantas de Airbus y contó con 8 000 participantes. Los huelguistas marchaban con la cabeza alta hacia el Ministerio de Industria, contentos y animados por haber librado la lucha juntos. Aunque la huelga se haya suspendido temporalmente, quienes la han llevado a cabo pueden estar seguros de que, cuando se enfrenten de nuevo a la dirección, partirán desde una posición mucho más sólida.