Irán: ¡el pueblo en rebelión puede decidir el futuro!

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Textos del semanario Lutte Ouvrière - 12 de enero de 2026
12 de enero de 2026

Manifestaciones al grito de “¡Muerte al dictador!” dirigidas contra el ayatolá Jamenei; edificios gubernamentales en llamas; disparos con munición real contra los manifestantes y cadáveres apilados en los depósitos de cadáveres... Las imágenes que llegan desde Irán dan testimonio de una revuelta que se extiende por todo el país y de una represión desatada.

Este baño de sangre puede detener la revuelta, pero también puede avivarla.

Los manifestantes saben que el régimen es despiadado con los opositores. La revuelta juvenil, que sacudió al país tras el asesinato de Mahsa Amini por la policía de la moral por llevar mal el velo, se saldó con decenas de miles de detenciones y más de 500 ejecuciones. A pesar de ello, los iraníes han vuelto a la lucha.

Este tipo de valentía y combatividad de las masas ha cambiado, en muchas ocasiones, el curso de la historia. Entonces, ¿acabará esta revuelta por derrocar a esta dictadura oscurantista y antiobrera? Sería un primer paso, ¡y no podemos sino esperarlo!

Las raíces de esta revuelta son tanto políticas como sociales. En Irán, como en cualquier otro lugar, se ha ampliado la brecha entre un puñado de privilegiados y la población trabajadora. La burguesía y los dignatarios del régimen se han enriquecido considerablemente a través de la explotación y la corrupción. ¡Ellos pueden disponer de todo a pesar del embargo estadounidense!

Los dignatarios de la República Islámica se presentan como los defensores de la lucha contra el imperialismo, pero envían a sus hijos e hijas a estudiar y vivir a Estados Unidos, al que sin embargo presentan como “el gran Satanás”. Predican la religiosidad, la sumisión de las mujeres y los sacrificios a su pueblo, pero viven en el lujo y copian las costumbres occidentales.

Por su parte, las clases populares sufren de lleno la escasez de agua o medicamentos y los cortes de electricidad. A los trabajadores se les paga con semanas o meses de retraso y han visto cómo su poder adquisitivo se ha desplomado hasta el punto de tener dificultades para alimentarse y alojarse. Es esta creciente miseria la que ahora afecta a toda una parte de la pequeña burguesía y ha llevado a las calles incluso a los comerciantes del Bazar de Teherán, hasta entonces fieles partidarios del régimen.

Hoy en día, cientos de miles de mujeres y hombres consideran que no tienen nada que perder y quieren derrocar al régimen. Pero la pregunta es: ¿con qué lo reemplazarán?

Los trabajadores iraníes saben muy bien que una dictadura puede sustituir a otra. Los mulás llegaron al poder en 1979, liderando una revolución contra una dictadura proestadounidense odiada, la del Sha, para instaurar ellos mismos una de las peores dictaduras.

Ironía de la historia, hoy es el hijo del Sha, Reza Pahlavi, que hasta ahora vivía en un dorado exilio en Estados Unidos, quien intenta ponerse al frente del levantamiento.

Mientras los iraníes arriesgan sus vidas, una multitud de buitres están listos para abalanzarse sobre Irán.

Estados Unidos e Israel hablan de intervenir militarmente para detener la masacre. ¡Qué hipócritas! Con la sangre de los palestinos en sus manos, ¡son unos de los peores asesinos!

En realidad, Trump y Netanyahu están maniobrando para encontrar un sustituto del régimen que les sea totalmente leal. Después de todo, incluso entre los Guardianes de la Revolución puede haber candidatos para sustituir a Jamenei.

Una cosa es segura: los rebeldes deben desconfiar de las alternativas impuestas desde arriba. Quien se presente como “líder” será elegido por su capacidad para someter a la población y por su docilidad hacia Estados Unidos. ¡La democracia y la libertad de las mujeres no serán más su problema que el de Trump!

Si los trabajadores iraníes no quieren derramar su sangre por aquellos que mañana los pisotearán, deben ponerse al frente de la revuelta, dotándose de su propia organización y sus propios objetivos políticos. Durante los acontecimientos revolucionarios de 1979, los trabajadores iraníes crearon consejos obreros, pero finalmente se dejaron dirigir por los ayatolás. Hay que aprender las lecciones de esta historia y de las últimas revueltas.

Los trabajadores no han necesitado a nadie para rebelarse, ¡no necesitan a nadie para dirigirse y gobernarse! Conscientes de ello, pueden transformar esta rebelión en revolución y dar lugar a un régimen de naturaleza totalmente diferente: un régimen dirigido por los trabajadores y las trabajadoras, el único capaz de acabar con todas las opresiones.

Nathalie Arthaud

Editorial de los boletines de empresas del 12 de enero de 2026