Sólo podemos sentirnos consternados y enojados ante la negligencia que permitió el asesinato de Lyhanna. Sin embargo, es indignante escuchar a Macron y Darmanin trasladar toda la responsabilidad a secretarios judiciales y jueces desbordados.
Macron ha estado en el Elíseo desde 2017. Darmanin fue ministro del interior durante cuatro años, y es ministro de justicia desde hace un año y medio. ¿No serían responsables de nada?
Afirman que han hecho de la violencia contra los niños su prioridad. ¡Qué chiste tan malo! La especialidad de Retailleau y Darmanin es hacer demagogia de seguridad a costa de los trabajadores inmigrantes.
Para hacer alarde de su poderío, construyeron prisiones de alta seguridad y endurecieron las leyes, pero nunca proporcionaron los recursos que los magistrados les pidieron para llevar a cabo su labor diario. Era menos espectacular y, sin duda, habría costado demasiado caro a ojos de la gran patronal.
¡Demagogia, una y otra vez!
Hoy, Darmanin se erige en defensor de la niñez y las mujeres. Ha convocado a todos los fiscales generales del país y les ha ordenado depurar los 70.000 casos
pendientes, aunque eso les suponga sacrificar sus fines de semana y vacaciones. ¡Más demagogia!
En lo que respecta a la violencia contra mujeres y niños el balance es abrumador. Los casos denunciados de violencia son cada vez más numerosos. Un niño sería agredido cada tres minutos en el país y una mujer muere cada tres días a manos de su cónyuge o ex cónyuge.
En cuanto a los servicios sociales de protección de la infancia (ASE), están desbordados: miles de niños considerados en peligro en sus familias y que deberían ser confiados a familias de acogida no lo son por falta de recursos. En ausencia de seguimiento, los niños colocados son a menudo víctimas de nuevos abusos, ¡a veces incluso en las familias de acogida!
Una justicia que no funciona... al igual que la sociedad
Hay, por supuesto, quejas sobre la manera en que la justicia hace su trabajo. ¿Quién no se ha quedado consternado al escuchar el testimonio de la madre que presentó una denuncia contra el presunto asesino de Lyhanna hace nueve meses por violar a su hija de 11 años?
Como se obstinaba en seguir el avance de la investigación llamando regularmente a la gendarmería, fue amenazada con ser procesada por acoso. ¡Así es como se respeta a la gente común! ¿Se puede imaginar semejante acogida a un personaje importante o a una celebridad?
Esto recuerda la manera en que muchas mujeres son recibidas en las comisarías, y el número de feminicidios cometidos por cónyuges o excónyuges que supuestamente están bajo vigilancia. Y esto no tiene que ver únicamente con problemas de incompetencia o recursos.
La justicia y la policía no están al margen de la sociedad. Los propios magistrados, investigadores o policías están, a su vez, marcados por prejuicios de todo tipo y por el desprecio social omnipresente. Se encuentran ladrones, violadores y asesinos incluso entre sus filas.
¿La justicia al servicio de la población?
"La justicia debe proteger y rendir cuentas a la población", se oye decir. Pero toda la maquinaria del Estado —ejército, policía, justicia— está precisamente fuera de control por parte del ciudadano común. Pedir su identificación a un oficial de policía, criticar una decisión judicial pueden ser vistos como delitos de desacato susceptibles de ser enjuiciados.
Hay una razón para ello: el Estado no está ahí para proteger al pueblo. Defiende los intereses de la minoría de los propietarios más ricos. Vela por que la explotación y las desigualdades se perpetúen persiguiendo y reprimiendo a los manifestantes. Por otra parte, no faltan medios para impedir o dispersar las concentraciones. ¡Y cuántos se han encontrado vigilados y perseguidos por haber manifestado!
¡Entonces, no esperemos milagros de esta justicia burguesa y mucho menos de los políticos que la dirigen! No se puede
combatir el comportamiento antisocial, individualista y violento sin cambiar profundamente la sociedad.
El verdugo de Lyhanna es el padre de una amiga suya. Y, ¿cuántas mujeres, niñas y niños son víctimas de miembros de su familia o entorno? Estos crímenes, tristemente comunes, no surgen de la nada. La frustración, el sexismo y las relaciones de dominación que impregnan a la sociedad tienen efectos dramáticos en las relaciones entre hombres y mujeres, entre adultos y niños. Estas son las raíces que hay que arrancar. Esto sólo se puede lograr librando una lucha profunda contra el orden social.
Nathalie Arthaud
Editorial de los boletines de empresas del 8 de junio de 2026