Introducción

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Marzo de 2013

La crisis económica que azota España está conduciendo a la mayor catástrofe social de la historia reciente. Nunca las últimas crisis económicas propias del capitalismo habían llegado tan lejos en la destrucción del tejido económico y social de las clases trabajadoras. Y no solo España sino toda Europa y directa o indirectamente el mundo entero están afectados. Pero esta claro que, por lo menos en España, Portugal o Grecia, nunca las últimas crisis habían llegado tan lejos en la destrucción del tejido económico y social de las clases trabajadoras. Los diversos gobiernos que se suceden en los últimos años no logran estabilizar la situación. Y sobretodo, y es lo esencial para nosotros, que han provocado las mayores luchas populares en los países afectados y en el nuestro, desde la Transición.

La crisis española no proviene ni es causada por el subdesarrollo, ni del atraso del país. Tampoco viene de la falta de capitales. Al contrario, en todo el mundo España era una potencia económica, un modelo de desarrollo y la clasificaban como la 8ª potencia mundial, y la cuarta a nivel europeo. Esta riqueza económica viene dada por la explotación de los trabajadores y la concentración de las fortunas entre las manos de los capitalistas que ha sido una constante histórica de la política de las clases dominantes tanto del poder económico como los políticos a su servicio. Desde el siglo XIX y sus regímenes, hasta la dictadura de Franco y la actual monarquía parlamentaria la constante ha sido la misma: acumular capital en manos de la burguesía proveniente del trabajo humano. Y lo monstruoso de la situación de hoy, es precisamente que, todo este histórico progreso económico y social se ha transformado en catástrofe.

En realidad esta crisis expresa una contradicción fundamental del sistema capitalista y demuestra lo actual que siguen siendo los análisis de los que, hace más de un siglo y medio, realizaban los militantes marxistas y se atrevían a afirmar que el sistema capitalista no podía ser el porvenir de la humanidad.

Como explicaba Engels en el prólogo a la Lucha de clases en Francia, son en última instancia los factores económicos los que determinan los cambios sociales y políticos y "los más importantes de ellos actúan, en la mayoría de los casos, escondidos durante largo tiempo antes de salir repentinamente y de un modo violento a la superficie". La crisis fue tan inesperada, en su virulencia, como más tarde lo fueron las movilizaciones populares. Nadie podía prever la extensión y la masiva asistencia de los sectores populares de la población a las manifestaciones y la indignación expresada. Por eso nos parece importante que la crisis tan inesperada en su virulencia, ha tenido como consecuencia movilizaciones populares inesperadas. Nadie podía prever la extensión y la masiva asistencia de los sectores populares de la población y las manifestaciones. Pero estas reacciones deben abrir la puerta a otros movimientos sociales más amplios, más conscientes de la fuerza que representa la clase obrera y de su futuro.

Y tan virulenta como el caos económico, han sido las actuaciones de los gobiernos atacando las condiciones de vida de la población y llevando a la miseria a sectores cada vez mayores de trabajadores. Comenzaron los socialistas, el gobierno de Zapatero, con los primeros recortes salariales, despidos y ayudas al sistema financiero y ha seguido, con una agresividad inaudita, el gobierno de la derecha de Mariano Rajoy. El aumento de la pobreza, el drama de los desahucios, están convirtiendo a los sectores más débiles de la clase trabajadora en pobres de solemnidad y mendigos de la caridad pública. Los bancos de alimentos han nutrido a 1,5 millón de personas, repartiendo 120 millones de kilos de comida más que en 2011.

No obstante, tres años más tarde de la crisis de 2008, un movimiento iba a abrir las puertas a las protestas contra la crisis. El 15M supuso la vuelta a la lucha de muchos militantes y la iniciación en ella de jóvenes -y menos jóvenes- que, por primera vez, se lanzaron a las calles a protestar y crearon un foro libre de discusión en las plazas, que después pasaría a los barrios. A esta primera oleada de movilizaciones que preparaba el camino, le siguió la entrada de los mineros asturianos en lucha. Su marcha a Madrid fue la entrada de la clase obrera en lucha y en masa en la movilización. Y le siguieron los trabajadores públicos en las "mareas", la verde de Educación y la blanca de Sanidad. Esta última, en Madrid, ha supuesto una de las mayores movilizaciones de todos los tiempos, de todos los trabajadores de la sanidad pública en contra de su privatización.

La situación social empeora día tras día

La clase trabajadora se ha empobrecido a marchas forzadas. Las familias que tienen todos sus miembros en paro superan los 1,8 millones y sólo el 67% de los desempleados cobran el subsidio. Desde que empezó la crisis aumentó el número de personas pobres, del 19% en 2007 al 21,8% en este año, lo que supone más de 10 millones de personas. En nuestro país el 90% de la población es asalariada, la clase trabajadora, de la cual 6 millones -más del 25%- está en paro y nos queda crisis para mucho tiempo. En cuanto a los salarios, la pérdida de poder adquisitivo ha sido dramática. La mitad de los trabajadores son mileuristas o menos. Un estudio de CCOO sobre los salarios aparecido el pasado octubre muestra que el 35% de los asalariados cobran ya, como máximo, el salario mínimo interprofesional 645,30€ al mes. Los planes de la patronal marcan este criterio. La vuelta "a las alpargatas" está más cerca cada vez.

La bajada de los salarios, los despidos con indemnizaciones cada vez más bajas por la reforma laboral, provocan el aumento de las ganancias de los capitalistas. Por primera vez desde que existen las series estadísticas, la participación de los salarios en el PIB es menor que los beneficios empresariales en el primer trimestre de 2012. Los beneficios empresariales son el 47,8% del PIB cuando los salarios superan el 46%. Es decir, la minoría de capitalistas, se lleva la mitad de todo lo que se produce en el país, mientras que la inmensa mayoría, los asalariados, se reparten el resto. Son 535 consejeros de las 40 mayores empresas del país -Ibex 35- los que dominan y controlan todos los resortes económicos y políticos. Esta situación social y económica que nos lleva a la catástrofe no es, por consiguiente, ninguna fatalidad natural.

La burbuja inmobiliaria: manifestación de la crisis del capitalismo

No podemos deslindar la crisis general del sistema capitalista de la propia de nuestro país. Pero hay un factor que la agrava: la burbuja inmobiliaria. El resultado de la explosión de la especulación: millones de viviendas sin vender, miles de hipotecados en los juzgados por desahucios, las empresas constructoras en quiebra y millones de trabajadores en paro.

El funcionamiento del sistema capitalista se ha manifestado a través del crecimiento irracional del sector inmobiliario con subidas de precios increíbles en lo que se ha llamado la burbuja inmobiliaria. Durante aproximadamente 10 años, hasta 2008, el precio de las viviendas aumentó un 100%, mientras que los salarios, según las estimaciones más altas, un 30%. La única manera de mantener un negocio así de venta de viviendas es proporcionar hipotecas y créditos bancarios masivos.

En España esto fue posible por los préstamos europeos a los bancos españoles, fundamentalmente de alemanes y franceses, 150.000 y 120.000 millones de euros respectivamente. Crearon dinero bancario, capital ficticio, en proporciones inimaginables y con un negocio especulativo de préstamos a constructoras e inmobiliarias que construían a futuro sin poseer dinero. Es más, entre 2006 y 2007 los bancos más poderosos vendieron sus inmobiliarias a los promotores más importantes del sector y les prestaron el dinero para que las compraran. Con la crisis las inmobiliarias quebraron y devolvieron sus casas a los bancos por los créditos impagados. Ahora los bancos españoles son los mayores propietarios de viviendas del país.

Durante estos diez años el negocio fue millonario. El dinero cambia de manos pero no desaparece; hoy los bancos prestan al Estado con dinero del BCE y especulan con la deuda soberana para seguir haciendo negocio. Negocio que pagamos los trabajadores con los recortes sociales, los despidos y los bajos salarios. Un robo social del trabajo de la sociedad que se hace con la connivencia de los políticos, antes del PSOE ahora del PP. Es el funcionamiento del capitalismo: ganar dinero hasta la extenuación a costa del trabajo asalariado, creando tal desproporción en la distribución de la riqueza que es imposible poder comprar lo producido. ¡5 millones de viviendas vacías, en manos -la mayoría- de los bancos y millones de personas sin casas, desahuciadas o expulsadas de sus viviendas!

En el sistema capitalista las crisis son congénitas y cíclicas. El funcionamiento de la economía depende de los beneficios y ganancias privadas. El motor del sistema económico es el beneficio. Mientras las mercancías se producen colectivamente -socialmente- la propiedad sigue siendo privada. Los beneficios sólo pueden salir, en una producción colectiva, del trabajo asalariado que produce más valor del que reciben a cambio de su salario. Cada vez se produce más sin que haya capacidad salarial en la población para absorber las mercancías producidas. Cuando se llega a los límites de la expansión del crecimiento, las mercancías -sean pisos o productos financieros- no se pueden vender y aparece la crisis: se cierran empresas, aumenta el paro y hay que articular medidas para que los beneficios vuelvan a hacer circular el dinero, las inversiones, las mercancías. La crisis, es decir, la interrupción de la circulación de mercancías de una forma brusca y en nuestro caso brutal, es la forma de regulación del sistema capitalista a costa de los trabajadores y de la sociedad.

En definitiva, como analizó Carlos Marx en El Capital "la razón última de todas las crisis reales es siempre la pobreza y la limitación del consumo de las masas frente a la tendencia de la producción capitalista a desarrollar las fuerzas productivas como si no tuviesen más límite que la capacidad absoluta de consumo de la sociedad".

La incorporación a la Unión Monetaria en 1999 contenía en este sentido dos elementos fundamentales: en primer lugar, España se integraba en una unión con una sola moneda y con libertad completa de movimientos de capital; esto permitió buscar dinero en el exterior y endeudarse al máximo para invertir en la construcción. Lo que popularmente se llamó "los años del ladrillo". Según los informes del Banco de España "la inversión en construcción en España aumentó su peso en el PIB desde el 15% en 1998 al 22% en 2007, pero más del 70% de ese incremento se debió a la inversión en vivienda" mientras en la zona euro la media era del 6% del PIB.

El endeudamiento del sector privado en los años de la burbuja inmobiliaria se encuentra ligado al sector de la construcción: así, el crédito a familias para la adquisición de vivienda se duplicó, en porcentaje del PIB, entre 2000 y 2007, al pasar del 30% a más del 60%. El resto de las empresas no financieras, se ligó directamente o indirectamente a las actividades de construcción e inmobiliarias. Este sector pasó de representar algo más del 10% del PIB en el año 2000 a superar el 40% en 2007. La mayoría del negocio se hacía con la construcción.

Cuando aparecieron los primeros síntomas de la crisis y el sistema financiero internacional se colapsó, Zapatero hizo creer que la crisis no era más que un proceso pasajero. Las cifras de la crisis del mismo Banco de España constataron la catástrofe: El PIB empezó a descender en España en el tercer trimestre de 2008 y siguió disminuyendo durante el resto de 2008 y todo el año 2009, completando seis trimestres consecutivos de caídas, que, en términos acumulados, supusieron un descenso del nivel de producción de en torno al 5%. España destaca por ser el país que experimentó el retroceso más brusco de su demanda nacional. Y además se constató la gravedad de la crisis, aún mayor que las anteriores de mediados de los setenta y la de 1992. La destrucción de empleo en la crisis actual es de, aproximadamente, el doble de lo observado en las dos anteriores.

La crisis actual tiene su raíz en las medidas para combatir la crisis anterior. La última crisis en España correspondió al final de la Expo 92. En todo el mundo los Estados vendieron sus empresas públicas al capital privado, y se abarataron los créditos mediante la bajada de los tipos de interés de los bancos centrales. Entonces, en nuestro país, el negocio empezó a generarse en la construcción de viviendas.

Los desahucios: la punta del iceberg de la crisis

En 2012 los responsables de la Plataforma Afectados por la Hipoteca dan la cifra de 76.724 desahucios -lanzamientos en la jerga judicial-. Desde 2008 hasta el tercer trimestre de 2012 en España se han producido al menos 334.080.

Cientos de miles de familias han sido expulsadas de sus casas por los bancos. La mayoría de ellas, al quedarse sin trabajo todos o algunos de sus miembros. Como analizamos anteriormente, el boom inmobiliario español se produjo gracias a los préstamos hipotecarios que se dieron a estas familias. En absoluto fue producido por aumentos salariales de los trabajadores.

Durante diez años la especulación de la vivienda se produjo con la complicidad del Estado que, en época de Aznar, facilitó leyes para mercantilizar al máximo posible el suelo; de los ayuntamientos que recalificaron terrenos aumentando los ingresos y como consecuencia la corrupción urbanística, los "pelotazos" que se dieron en esos años. Los precios estaban inflados por los propios especuladores, las grandes constructoras e inmobiliarias, los bancos, que en una espiral sin fin obtenían los beneficios en la subida continua de los precios que se compraban en base a hipotecas tras hipotecas. Durante 10 años los beneficios fueron inmensos. Ahora los paganos son los trabajadores y el dinero ha cambiado de manos pero no ha desaparecido, llenando los bolsillos de banqueros y empresarios.

Las consecuencias humanas de la crisis han sido 5 millones de viviendas vacías y centenares de miles de personas en la calle sin vivienda con la deuda de por vida en manos del banco. El drama está servido. Hasta ahora han salido a la luz 6 suicidios pero han sido muchos más. Una periodista desahuciada comentaba en un programa de radio que su desahucio comenzó cuando se quedó sin trabajo; hasta el desalojo pueden pasar hasta tres años. Tiempo en el cual se buscan mil y una soluciones individuales y familiares. En el fondo del pozo, el paro obrero causa oculta y raíz de todo el proceso.

Las movilizaciones contra los desahucios han tenido éxito mediático inmediato y han popularizado el problema. Al salir a la luz los suicidios el estamento judicial pidió públicamente la moratoria en los desahucios e incluso dieron directrices a los jueces para frenarlos. El gobierno de Rajoy anunció que haría una moratoria en algunas condiciones extremas, que no ha solucionado nada. Y dice que va a realizar un programa de viviendas sociales a bajo alquiler con ¡6000 viviendas en toda España!

Las mentiras sobre la deuda: "el apalancamiento" de las empresas.

Una de las palabras que con la crisis se han escrito con profusión en la prensa es el "apalancamiento" de las empresas. Consiste en endeudarse para realizar una actividad económica reportando suculentos beneficios. Para un especulador la ganancia es mucho mayor si utiliza dinero prestado en vez de dinero propio. De ahí que cuando se expandió el ladrillo, las constructoras, las inmobiliarias y los bancos financiaron la burbuja con deuda. El gobierno, primero de Zapatero y después de Rajoy en su forma más brutal, engañan a la sociedad cuando explican la deuda como algo a pagar por toda la sociedad. Y es precisamente la deuda de los banqueros y de las empresas las que quieren utilizar para hacernos pagar su quiebra y así mantener sus negocios.

La economía española, como el capitalismo imperialista internacional, es, en su mayor parte, una economía especulativa y parasitaria del Estado. Lenin al analizar el Imperialismo ya explicó como una característica fundamental del capitalismo senil lo que hoy se llama "la financiarización" de la economía. "El imperialismo es la enorme acumulación en unos pocos países de capital monetario, el cual, como hemos visto, alcanza la suma de 100 a 150 mil millones de francos en valores. De aquí el incremento extraordinario de la clase o, mejor dicho, del sector rentista, esto es, de individuos que viven del "corte del cupón", completamente alejados de la participación en toda empresa y cuya profesión es la ociosidad. La exportación del capital, una de las bases económicas más esenciales del imperialismo, acentúa todavía más este divorcio completo del sector rentista respecto a la producción, imprime un sello de parasitismo a todo el país."

Lo que se llama deuda pública no es más que el negocio usurario de los banqueros y gran patronal a través de lo que Lenin llamaba "Estado usurero" o "Estado rentista". La deuda total de la economía española, la suma de valores distintos de acciones y el saldo vivo de préstamos, ascendía a finales de 2011 a 4,3 billones €, o lo que es lo mismo, un 402% de nuestro PIB. Mientras que la deuda de las familias representaba a cierre de ese año el 83% del PIB, los empréstitos de las sociedades no financieras y de las entidades financieras alcanzaban, respectivamente, el 136%, y el 107% del PIB. El resto, alrededor del 77% del PIB, correspondía a las administraciones públicas.

La deuda de España es básicamente privada y es un negocio en manos de los financieros que, aún sabiendo que no se podrá pagar en su totalidad y realizarán quitas -como en Grecia-, seguirán ahogando a la sociedad para obtener beneficios a través del Estado. Esta forma usuraria de obtener ganancias se complementa con la explotación directa del trabajo a través de la bajada de los salarios y la venta de empresas públicas, como ocurre en Madrid, con la red de hospitales y centros de salud, de la sanidad pública.

La deuda pública es históricamente una herramienta del capital financiero y sus bancos.

"Desde el momento mismo de nacer, los grandes bancos, adornados con títulos nacionales, no fueron nunca más que sociedades de especuladores privados que cooperaban con los gobiernos y que, gracias a los privilegios que éstos les otorgaban, estaban en condiciones de adelantarles dinero." Carlos Marx explicaba así en 1867 el nacimiento de la gran banca y su ligazón con el Estado y la deuda pública. Transcurridos 146 años desde la publicación de El Capital, el fundamento y funcionamiento del capitalismo no ha cambiado.

Los gobiernos europeos, y en España Zapatero en su momento y Rajoy en la actualidad, imponen la "austeridad fiscal", que no es más que la reducción de gastos públicos para pagar los empréstitos recibidos de los bancos.

Muchos han descubierto en la actualidad la deuda pública como una gran estafa de la banca y claman con razón contra ella, exigiendo una auditoría de ésta o negarse a pagarla, e incluso la elevan a la causa última de la crisis económica y de todos los recortes sociales que se están realizando.

Sin embargo, lo que llaman el problema de la deuda, no es más que el funcionamiento clásico del capitalismo. La deuda pública es una palanca más de acumular ganancias en manos de la burguesía. Es la utilización del Estado capitalista y la fuerza concentrada que ello conlleva, para sus fines especulativos.

Marx estudió como se formaron los primeros capitales que dieron origen al capitalismo y explicó que "...la deuda pública se convierte en una de las palancas más potentes de la acumulación originaria. Es como una varita mágica que infunde virtud procreadora al dinero improductivo y lo convierte en capital sin exponerlo a los riesgos ni al esfuerzo que siempre lleva consigo la inversión industrial e incluso la usuraria." "...La deuda pública ha venido a dar impulso a las sociedades anónimas, al tráfico de efectos negociables de todo género, al agio[1]; en una palabra, a la lotería de la bolsa y a la moderna bancocracia." Marx explica que la formación de los primeros capitales se originaron "en Inglaterra, donde a fines del siglo XVII se resumen y sintetizan sistemáticamente en el sistema colonial, el sistema de la deuda pública, el moderno sistema tributario y el sistema proteccionista."

Esta bancocracia, en España, domina el Estado desde el desarrollo del capitalismo y en concreto con el nacimiento de la banca moderna para la industrialización del país que coincide con la construcción del ferrocarril en 1856 con la primera ley que regulaba el sistema bancario. Esta ley facultaba a los bancos a "descontar, girar, prestar, llevar cuentas corrientes, ejecutar cobranzas, recibir depósitos y contratar con el Gobierno".

El monopolio de la banca española sobre la economía y el Estado, su ligazón con la burguesía industrial y terrateniente ha tenido siempre en el Estado y sus gobiernos sus fieles servidores. El poder de la banca española desde sus orígenes se materializaba a través de lo que se llama la pignoración automática de la deuda soberana. Es decir, los banqueros tenían el privilegio de tener garantizado inmediatamente el pago de los préstamos de la deuda por el Estado. Esto supuso el enriquecimiento seguro y sin riesgo de los banqueros durante todo el final del siglo XIX y toda la primera mitad del siglo XX. Esta situación se mantuvo hasta 1962 que se nacionalizó el Banco de España y se sustituyó la pignoración automática por el "redescuento" de créditos a la banca por aquel, ahora ya estatal. Suponía dar a los banqueros un circuito especial de crédito a bajo interés. "Redescontarían" a tipos de interés privilegiados, los créditos cedidos por los bancos a ciertos usuarios y sectores que al gobierno le interesaba. Esto hizo que la banca continuara disfrutando de una virtual "garantía de liquidez" durante este período y que mantuvieran unos márgenes de beneficios muy altos. Hay que entender que el Banco de España, ya estatal, era la única fuente de moneda. Este vendía a los bancos el dinero a un interés para que estos dieran el crédito a sus clientes. Ahora es el Banco Central Europeo quien emite la moneda que vende a menos del 1% a la banca, que después presta al 5, 6 o 20% de interés a los Estados.

Esto se mantuvo hasta la transición, que se modificó, para actualizar los mecanismos de beneficio bancarios potenciando las fusiones hasta pasar de los siete grandes a los cinco y a los dos y medio de hoy en día - BS, BBVA y Caixa- y la creación de organismos públicos de salvación de las quiebras financieras como son el Fondo de Garantía de Depósitos y ahora el Fondo de Reestructuración y Ordenación Bancaria de 2010.

La práctica de organizar la política financiera en reuniones "privadas" entre los grandes bancos y los gobiernos ha sido una de las formas "tradicionales" de imponer la dictadura del capital. En el último escándalo financiero de Bankia el periodista Íñigo de Barrón cuenta en su libro "El hundimiento de la banca" la reunión entre Botín del Banco de Santander, Francisco González del BBVA e Isidro Fainé de la Caixa con el ministro Luís de Guindos y Rodrigo Rato para obligarle a éste a dimitir y rescatar al banco.

No es nuevo, por tanto, en el capitalismo la utilización de la deuda pública y del Estado como fuerzas organizadoras de los negocios de la burguesía y en especial de los banqueros. Es más, la deuda pública no es sino una de las palancas de explotación social que enriquece a las burguesías y para poner un ejemplo histórico de los préstamos y créditos internacionales Marx explica que "ya a comienzos del siglo XVIII, las manufacturas holandesas se habían quedado muy atrás y Holanda había perdido la supremacía comercial e industrial. Por eso, desde 1701 hasta 1776, uno de sus negocios principales consiste en prestar capitales gigantescos, sobre todo, a su poderoso competidor: a Inglaterra."

En consecuencia es el capitalismo, el sistema económico internacional de explotación social del trabajo, el que utiliza al Estado y su deuda pública, como una forma más de ganar dinero a costa del pueblo trabajador, utilizando la subida de impuestos, los recortes sociales y salariales o la venta de empresa públicas, de la misma forma que explota la patronal bajando los salarios, despidiendo con la reforma laboral y con los trabajadores de los países pobres. La diferencia con el siglo XVIII o XIX es que el capitalismo se ha hecho parasitario del Estado como forma predominante de obtener sus ganancias y la "bancocracia", como decía Marx, transformado en capital financiero ha provocado la "financiarización" de la economía y su dominio total de la sociedad.

Definir correctamente el mecanismo de explotación y de robo social a través de la deuda pública nos lleva a dos conclusiones importantes.

En primer lugar, la deuda pública es un mecanismo especulativo de ganar dinero los banqueros y empresarios seguro y rentable y más en época de crisis económica.

En segundo lugar, romper esta dinámica conllevaría la expropiación del sistema financiero en última instancia y obligar a los banqueros a que sean los que paguen la deuda soberana y no la sociedad. Para esto sería necesario la creación de un único banco público con la expropiación del actual sistema financiero con un control transparente de su contabilidad y en manos de los trabajadores y la sociedad. Sólo esto, permitiría convertir el medio de pago e intercambio, que es el dinero, en algo útil para la sociedad y no en una mercancía especulativa donde cristaliza la explotación del trabajo.