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En diciembre de 1935, después de una nueva crisis ministerial, el presidente de la República decide disolver las Cortes.
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Se fijaron nuevas elecciones para el 16 de febrero de 1936.
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El programa del Frente Popular
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El programa con el cual el Frente Popular aborda estas elecciones había sido firmado por dos partidos burgueses, la Izquierda
Republicana de Azaña y la Unión Republicana de Martínez Barrio, así como el PCE, PSOE, JS, UGT y .....el POUM por el
pretexto de la amnistía prometida y del hecho de que la ley electoral no le permitiría tener diputados si se presentaba solo.
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El programa del Frente Popular no retomaba ninguna de las reivindicaciones esenciales de los trabajadores. Los republicanos
habían hecho escribir en el pacto que ellos no aceptaban "el principio de la nacionalización de las tierras, ni su entrega
gratuita a los campesinos". Nada de reforma agraria, nada que toque el poder de los terratenientes, de la iglesia, de los
militares y nada que elimine los rasgos feudales de la sociedad. La única concesión que aparecía era la promesa de una
amnistía para todos los encarcelados de 1934.
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Los partidos firmantes se comprometían en caso de victoria electoral a sostener el gobierno surgido de las elecciones. Ninguna
organización obrera puso en guardia a los trabajadores contra lo que era el Frente Popular y contra lo que podían esperar :
una política antiobrera para demostrar a la burguesía que no hacía falta el fascismo. Nadie afirmaba la necesidad para la
clase obrera de prepararse para tomar ella misma el poder.
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Es cierto que la CNT, no firmó el acuerdo del Frente Popular, pero no dió ninguna alternativa. Por primera vez no llamó a la
abstención, con motivo de no impedir la amnistía de los encarcelados del 34, pero como no proponía candidatos obreros con
otro programa, dejó a los trabajadores votar por los candidatos del Frente Popular.
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La política del Frente Popular frente al ascenso revolucionario (de febrero a julio de 1936)
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El Frente Popular consiguió la victoria en las elecciones del 16 de febrero del 36. Azaña se convirtió en presidente del
gobierno. Los socialistas, sin participar en el gobierno, lo sostenían. Los trabajadores no esperaron las medidas legales de
amnistía : al día siguiente de las elecciones, invadieron las cárceles y liberaron a los detenidos. Espontáneamente se
organizaron comités en las empresas para vigilar a los patronos y una oleada de huelgas se puso en marcha para imponer la
readmisión de los despedidos. Los campesinos y jornaleros sin tierras de nuevo ocuparon latifundios y se repartieron sus
tierras. Los dirigentes de los partidos de izquierda y de la UGT procurabaron mantener a los trabajadores en los marcos legales
; intentaron oponerse a las huelgas allí donde tenían fuerza, y llamar provocadores a aquellos que no seguían sus consignas.
Pero el movimiento era irresistible.
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El gobierno volvió a llenar las cárceles . Mandó a la guardia civil y a la de asalto contra los huelguistas y campesinos que
ocupaban las tierras y que se defendían, más bien que mal, armados de horcas y hoces. Ninguno de los derechos democráticos
que habían prometido fueron decretados. La censura se mantenía. Las garantías constitucionales fueron suspendidas. Pero el
movimiento de masas no se quebró.
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Por otra parte, los grupos de extrema derecha, los matones a sueldo de los terratenientes, asesinaban y golpeaban a los
militantes obreros y campesinos, llenando de terror los pueblos y los barrios obreros. La reacción levantaba cabeza. La guerra
civil comenzaba.
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El 7 de abril se intentó una última maniobra parlamentaria para controlar la situación. Las Cortes reemplazaron a Alcalá
Zamora, presidente de la República por Azaña, presidente del gobierno y representante del ala anticlerical del republicanismo
burgués, que fue elegido con los votos del PSOE y del PCE e incluso con el voto del único diputado del POUM.
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Como nuevo presidente del gobierno fue elegido Casares Quiroga, que tampoco fue capaz de encauzar la ola revolucionaria. Hay que
decir que la CNT, que no había ofertado ninguna perspectiva a los trabajadores en las elecciones, se puso a la cabeza de las
huelgas y ocupaciones de tierras. La huelga de los obreros de la construcción de Madrid, que comenzó el 1 de junio, se
desarrollaba en una atmósfera de guerra civil. Aunque la UGT llamó a volver al trabajo, la CNT quedó sola en la dirección de
la huelga hasta el final, defendiéndose de las bandas de Falange, la policía y esquiroles. Los obreros muertos de hambre por
culpa de los patronos obligaron a los comerciantes y a los camareros, pistola en mano a servirles gratuitamente.
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A los ojos de la burguesía el gobierno republicano demostraba su incapacidad para hacer respetar el orden y la propiedad. El
golpe de estado militar se preparaba cada vez más abiertamente con la aprobación de las clases medias.
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El gobierno impotente frente al ejército
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Pero el gobierno no quería saber nada, pretendía hacer creer que los oficiales eran leales. Incluso uno de sus comunicados
afirmaba que "el gobierno... acogía con tristeza e indignación los ataques injustos a que son sometidos los oficiales del
ejército". Para el gobierno no se debía tocar el Estado Mayor. Sabía bien que el ejército es el último recurso de la
burguesía. El gobierno del Frente Popular se preparaba para capitular ante los oficiales.
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La CNT y el POUM, sus militantes y sus dirigentes estaban al lado de los trabajadores en las huelgas, en las ocupaciones de
tierra. Prevenían a los trabajadores del peligro reaccionario que se avecinaba, pero no decían la verdad sobre el papel que
jugaba el Frente Popular. No prepararon a la clase obrera para las tareas políticas que les esperaban : armar al proletariado y
a los campesinos, desarmar los cuerpos represivos, tratar de tomar la iniciativa y aplastar a la reacción incluso antes de que
ésta intentara el golpe. De esta forma las masas podrían haber estado en mejor posición para aplastar el golpe de estado
militar, hubiera o no tenido lugar.
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Cuando el ejército se lanzó al asalto del poder, el proletariado sin ninguna preparación y sin ninguna dirección, lo hizo
fracasar espontáneamente en una buena parte del territorio y en las grandes capitales .
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