Unión europea, euro y mercado mundial.

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enero 1996

Después del período 1994-1995 marcado por toda una serie de crisis financieras y monetarias, por la amenaza de que varios grandes bancos quiebren a causa de especulaciones inmobiliarias, por "devaluaciones competitivas"que han trastornado el comercio internacional, nos presentan 1996 como si fuese un buen año para la economía internacional.

Desde el punto de vista de los beneficios de las empresas, 1996 ha sido incontestablemente un buen año, a pesar del temor de una grave crisis financiera (aunque el período pasado ya había sido bueno). También lo ha sido desde el punto de vista de la renta y del capital de la gran burguesía, que se ha incrementado considerablemente en particular para aquellos que se encuentran en el hit-parade de las grandes fortunas. Capital y fortunas privadas se han incrementado del 20% al 30%, las hay que han doblado su valor, todo esto gracias a los beneficios del año pero tambien gracias a las anticipaciones sobre los beneficios de mañana, expresadas en las cotizaciones siempre elevadas de la bolsa de valores.

La evolución de la producción no es tan nítida. Sólo la economía de Estados Unidos, para la cual la recesión terminó en 1991, está en crecimiento desde entonces (sin de todos modos alcanzar el ritmo de antes del comienzo de la crisis). Japón, que acaba de conocer el período de recesión más largo desde la guerra, empezaría solamente ahora a salir de la crisis. La economía de la mayoria de los europeos se han quedado estancadas, hasta la de Alemania que ha conocido en principio de año un verdadero retroceso de la producción.

El paro, dramático para el conjunto de Europa, continua su crecimiento. Incluso en Inglaterra, donde la burguesía ha liquidado de forma todavía más brutal que en otros países europeos las reglas que protegían un poco a los trabajadores, en materia de salario mínimo, de precaridad, de reducción drástica del costo de la mano de obra, pues ni siquiera allí se ha podido incitar al patronato a crear empleos, y el paro sigue siendo tan importante como antes.

El crecimiento relativo de la economía de Estados Unidos no ha mejorado en ningún caso la situación de las masas populares. Al contrario, su crecimiento se ha realizado en detrimento de estas.

Hasta el reciente artículo del periódico francés Le Monde, que sin embargo tenía por título "El empleo americano en pleno apogeo" y glorificaba en el subtitulo "los 10.5 millones de puestos de trabajo ... nacidos desde 1993" se siente obligado a precisar que los nuevos empleos no se han creado en las grandes empresas y que la mayoría de estas continuan reduciendo su plantilla (ni siquiera en el Estado, que suprime tambien puestos de trabajo). Los empleos creados son en su mayoría precarios, dentro de pequeñas empresas generalmente sub-contratadas, teniendo ellas mismas una existencia precaria, y gracias a las cuales las grandes empresas pueden deshacerse de sus actividades menos rentables. Estas empresas pagan peor y ni conceden las pocas ventajas sociales que los trabajadores consiguen obtener en las grandes empresas. De ello resulta un crecimiento global de la precaridad, de la flexibilidad y una disminución de los salarios reales.

El promedio de los salarios no ha aumentado desde hace veinte anos, ni siquiera para esa fracción de la clase obrera que ha conservado un empleo estable. En lo que respecta a las categorías que se encuentran en lo más bajo de la escala social, los salarios disminuyen, y se estima que esta disminución ha alcanzado el 30% en veinte años.

El número de Norteamericanos que viven por debajo del nivel de pobreza es estimado por algunos autores en 38 millones de personas, lo que representa 14.2% de la población (contra 11.6% de la población en los años setenta). Hecho significativo, el crecimiento de la pobreza proviene en gran parte de la pauperización de los que sin embargo tienen un trabajo y un salario. Universidades americanas citadas por Le Monde diplomatique calculan que, el número de personas que aún siendo asalariadas viven por debajo del nivel de pobreza ha triplicado entre 1969 y 1994, pasando de 8.4% a 23.2% del conjunto de los asalariados. Otro artículo del Monde estima, por su parte, que "18% de los asalariados a jornada completa se encuentran ya por debajo del nivel oficial de pobreza. Hay gente que trabaja y que sin embargo no puede pagarse un domicilio fijo y duerme debajo de los puentes". Este periodista concluye con lucidez" no se trata de lo que ocurre en este momento en Bombay ?".

La disminución de la proporción de los salarios en la renta global, la liquidación, progresiva o brutal, de la protección social contra la enfermedad, la vejez, la degradación universal de los servicios públicos muestran que los beneficios de la burguesía siguen proviniendo, aún en los países más ricos, de la agravación de la explotación y no del crecimiento de la producción.

El mantenimiento de un período de crecimiento relativamente largo de la producción y de las inversiones en Estados Unidos sustenta desde hace varios años el discurso sobre la eventualidad que el crecimiento americano lleve a buén término el conjunto de la economía mundial, y en particular las economías europeas. Por el momento, esto no es lo que ocurre.

El imperialismo americano no obtiene sus hazañas, muy relativas, empujando la economía mundial hacia adelante; las obtiene al contrario en detrimento de sus principales competidores.

La administración Clinton dirige una política comercial agresiva hacia el exterior. Utiliza todo el peso del Estado para conseguir contratos (armas, aviones, armamento pesado) para los trust de Estados Unidos contra sus competidores de los países imperialistas más débiles.

Las otras potencias imperialistas de segundo rango no proceden de otra manera. Pero no poseen la potencia económica, politica o militar de Estados Unidos. Estos últimos pueden así saltarse sin disimulos las reglas del libre comercio que recomiendan o imponen a los otros países.

Los Estados Unidos son proteccionistas en ciertos ámbitos cuando los grandes grupos capitalistas lo exigen en defensa de sus intereses propios, pero cuando estos mismos intereses lo requieren, no se molestan en suprimir los obstáculos a la repatriación hacia el mercado americano de producciones efectuadas en particular en las "maquiladoras" mejicanas.

Por último, la política comercial agresiva hacia el exterior se basa desde hace algunos años en un dolar frágil, facilitando así las exportaciones y volviendo más caras las importaciones.

Un cierto número de trust japoneses, británicos, alemanes o franceses se benefician sin lugar a dudas de la relativa buena marcha de la economía americana. Pero se trata, por así decirlo, exclusivamente de los más potentes, aquellos que tienen la capacidad financiera suficiente para controlar bajo su autoridad ciertas empresas instaladas directamente dentro del mercado americano. No es por nada si lo esencial de las inversiones de capital europeo y japonés que se invierte en el exterior y no se dirige hacia los países vecinos de Europa va a los Estados Unidos. Pero el capital americano que se invierte en Europa para comprar empresas inglesas, francesas, alemanas, etc., se incrementa desde hace varios años por lo menos al mismo ritmo y, además, empezando a un nivel más elevado.

El crecimiento continuo de las exportaciones de capital desde los años ochenta no significa en nada un nuevo vigor económico. En efecto, los desplazamientos de capital de un país a otro o tienen por objetivo un beneficio especulativo a corto plazo, o finanzan adquisiciones de empresas ya existentes. El impresionante crecimiento de las compras, las fusiones, las OPA, salvajes o no, que caracterizan la competición entre grandes grupos financieros, provoca un movimiento continuo de concentración del capital.

En este campo, la competición entre grupos financieros se ha visto facilitada y al mismo tiempo se ha vuelto más dura por la supresión casi total de las trabas anteriores a la libre circulación del capital. El campo de batalla donde se enfrentan los pocos centenares de grandes grupos financieros que dominan la economía mundial, se agranda desde hace varios décadas y, en particular, desde la última. Y esto bajo el efecto de diferentes factores : la liquidación de las zonas de influencia protegidas por las viejas potencias coloniales y, más recientemente, la presión sobre los países pobres en el sentido del abandono del estatismo, la política de privatizaciones en los mismos países imperialistas, además de la apertura, aunque limitada, al capital occidental de los países que se encontraban no hace mucho bajo la esfera de influencia de la URSS o de China.

Lo que se llamó en los años ochenta "crisis de la deuda" de los países pobres sirvió de escarmiento a los grandes grupos financieros y desde entonces el capital privado ha limitado esencialmente sus inversiones en el interior del triángulo formado por los Estados Unidos y Canada, Europa occidental y Japón. Sin embargo, desde principios de esta década, se ha desarrollado un movimiento de exportación de capital hacia las más industrializadas de las ex-democracias populares (realizadas principalmente y en beneficio del imperialismo alemán), y hacia algunos países asiáticos (realizadas esta vez principalmente y en beneficio de Japón y Estados Unidos).

Las cifras esgrimidas para demostrar la rapidez del crecimiento de Indonesia, Malasia, Tailandia o China, sin hablar de casos más antiguos como el de Corea, o muy particulares como los de Taiwan, Hong Kong o Singapur, no deben en todo caso hacernos olvidar el punto de partida extremadamente bajo de esos países, ni el hecho de que constituyen excepciones entre unos 150 países subdesarrollados del planeta.

Además, las cifras más impresionantes del crecimiento de algunos países de Asia o América latina se refieren a las actividades y capitalizaciones bursátiles. Esto es significativo de que estos países atraen más el capital financiero en búsqueda de inversiones especulativas que el capital destinado a invertirse en la producción. Méjico hace a penas dos años ha tenido que pagar con un crack violento, y sus clases pobres con una politica de austeridad brutal, la retirada masiva y repentina del capital extranjero invertido en el país.

El capitalismo no está permitiendo que se desarrollen los países de la parte subdesarrollada del planeta, ni siquiera los pocos que se "benefician" de capital occidental exportado. Igual que en el período precedente cuando el capital era "prestado".

El conjunto de los países pobres sigue empobreciéndose en comparación con los países imperialistas. Este empobrecimiento es catastrófico para la casi totalidad de Africa, para una parte de America latina y del Caribe y para la mayor parte del continente asiático.

Aunque una tregua relativa haya precedido este año al oleaje devastador de la especulación durante el período precedente, el sector financiero sigue hipertrofiado en comparación con el sector productivo. El número de los instrumentos financieros y la masa de capital puesta en juego sigue incrementándose, principalmente debido a las emisiones de empréstitos por los Estados. Estos últimos están todo el tiempo en busca de dinero al contado para cubrir el déficit de su presupuesto, debido a las ayudas al patronato y a la financiación del servicio de las deudas anteriores.

La inflación, es decir la emisión de moneda sin contrapartida, ha sido durante mucho tiempo el medio privilegiado por los Estados para cubrir el déficit del presupuesto. Esto podría volver a pasar. Pero desde hace algunos años, la mayoría de los gobiernos y de los bancos centrales llevan una política destinada a frenar la inflación.

Esta política no tiene nada que ver con el deseo de proteger el poder adquisitivo de las clases pobres contra la erosión monetaria. Pero la depreciación de las monedas, a ritmos diferentes en los distintos países, es un freno para el comercio internacional. Además, ello deja el campo libre a las "devaluaciones competitivas", esas manipulaciones monetarias con las cuales los Estados ayudan a sus capitalistas a que transformen momentáneamente sus mercancías en productos más competitivos en el mercado internacional.

El Sistema Monetario Europeo (SME) había sido creado en su época para estabilizar la tasa de cambio entre diferentes monedas. Sin embargo no resistió a la tempestad especulativa de 1992-1993 donde la libra esterlina y la lira italiana recobraron su libertad.

Por eso la idea de una moneda única se ha impuesto progresivamente como una necesidad para la burguesía de los países europeos cuyas economías son más interdependientes, en particular la alemana y la francesa.

Y esto no es algo nuevo. Esta necesidad se hace sentir desde hace más de un siglo. Pero en el mundo entero el patrón-oro, respetado por las potencias imperialistas, representaba una moneda internacional. Además, antes de la segunda guerra mundial, las potencias coloniales europeas no deseaban compartir sus imperios con las rivales por el intermediario de una moneda única. Imponían su propia moneda a las colonias, y esto les iba bién.

Al finalizar la guerra mundial, la Europa dividida, arruinada, exangüe, necesitaba la ayuda americana y el dolar reinaba.

Pero desde entonces las cosas han cambiado, las colonias han desaparecido, el mercado capitalista mundial se ha liberado de sus trabas, el dolar ya no está garantizado por el oro y fluctúa. Las potencias imperialistas europeas no quieren seguir siendo dependientes del dolar y podrían, si se uniesen, ser capaces de ello.

Pero hay que decir que si esta necesidad de unirse no es nueva y si las razones que empujaban hacia la unión han aumentado con respecto a las de seguir independientes los unos de los otros, las cosas no han sido simples y no lo son aún.

Para que la libre circulación de las personas y las mercancías sea posible hay que armonizar las legislaciones nacionales, tanto en lo que respecta a la regulación y a la legislación comercial como en lo que se refiere al aspecto social, hasta conseguir por lo menos el nivel de coherencia de los diferentes Estados de USA. Hace falta que tal producto, tal técnica de fabricación o tal aditivo alimentario autorizado en un Estado no esté prohibido en otro, porque si no lo está la abolición de las barreras aduaneras se vería contrarrestada por nuevas trabas administrativas o jurídicas.

Para la libre circulación de personas, hace falta que toda persona que tenga la autorización de vivir y de trabajar en un país la tenga en todos. Y esto no se ha hecho ni se hace todavía sin dificultad.

Para que exista una moneda única que ofrezca garantía absoluta, haría falta un solo instituto de emisión. Sobre este tema, al no haber un Estado federal europeo, las grandes potencias no han llegado a un acuerdo hasta el momento. Lo único que han logrado convenir es comprometerse en el mantenimiento del déficit presupuestario dentro de límites reducidos, para evitar recurrir a una emisión de moneda en exceso.

El mayor problema ha sido el de no poder subvencionar las industrias directamente o indirectamente por encargos privilegiados del Estado, y para estos últimos, tener que pasar por licitaciónes a nivel europeo, lo que todavía no se lleva verdaderamente a cabo.

Dificultades también a nivel agrícola, porque las agriculturas de las potencias más industrializadas de Europa se ven desafiadas por las agriculturas de los demás imperialismos europeos, particularmente aquellos en los cuales la producción agrícola es predominante.

Los Estados más ricos han tenido que remplazar las subvenciones directas a su propia agricultura, ante todo a los trust agro-alimentarios, por subvenciones que recurren a los fondos europeos constituidos especialmente para ello.

Uno de los problemas mayores que esto conlleva para Francia pero sobre todo para Gran Bretaña es que todo el sector agro-alimentario, incluso otras producciones como las mineras, que dependen de ellas, no se encuentran en el territorio nacional.

Francia tiene relaciones privilegiadas con los DOM (Departamentos de ultramar), con los TOM (Territorios de ultramar) y con países africanos de la zona franco (el franco CFA). Gran Bretaña tiene relaciones más o menos estrechas con los cincuenta y ún países del Commonwealth que reconocen a la reina de Inglaterra como su soberana o su jefe. Los demás países de Europa - y en particular Alemania - no ven porqué tendrían que pagar el rón, el azucar, los plátanos o cualquier otra cosa por encima del cambio mundial, por culpa de las relaciones ex-coloniales de Francia e Inglaterra.

Si los intereses fundamentales, sobre todo futuros, del gran capital comercial, industrial y financiero inglés se encuentran del lado de Europa, sus intereses inmediatos no aparecen tan claros. Efectivamente, las empresas que están directamente relacionadas con el Commonwealth son grandes sociedades que tienen gran peso en la economía inglesa. Y en lo que respecta al capital financiero, todas están entrelazadas. Además, la burguesía inglesa depende mucho más del capital financiero de los USA que de sus principales interlocutores europeos. Por ello, Gran Bretaña es la menos europea de las tres grandes potencias imperialistas del viejo continente.

Sin embargo, Europa, el mercado común europeo y la moneda única se han convertido a distintos niveles en necesidades vitales para las principales potencias imperialistas , Alemania, Gran Bretaña y Francia, y para algunas otras como Portugal, Holanda, España e Italia. Para todas ellas, hay ventajas e inconvenientes. Las más débiles ganarán menos que las más fuertes y perderán más.

Los países como los de Europa del Este , Grecia o Turquía no tienen realmente elección. O se verán rechazados por el conjunto europeo y se les impondrá el intercambio desigual en todo su rigor, o aceptarán la integración en el mercado europeo. Entonces tendrán que soportar el tipo de cambio único de la moneda europea, sobre el cual no tendrán ningún control porque estará entre las manos de los más potentes. Perderán así una parte importante de su libertad política y económica, pero no se les relegará al rango de países subdesarrollados fuera de las fronteras del bloque europeo y por lo tanto no soportarán el yugo del capital con todo el rigor del mercado capitalista mundial.

La Europa unida y la moneda única son en primer lugar el yugo del capital de las grandes potencias europeas sobre las más débiles.

En segundo lugar, entre los más fuertes, se trata de una paz armada donde unos adversarios irreconciliables no se han unido más que por necesidad. La necesidad de hacer frente a las agresiones económicas exteriores contra su territorio. La necesidad de someter los más pequeños países de Europa, en vez de competir entre ellas de forma suicida. La necesidad de unirse para participar en la explotación, frente a sus adversarios, de Africa, de Asia y de América latina.

A nivel mundial, Europa y la moneda única europea son necesidades imperialistas frente a Estados Unidos y en menor medida a Japón. Ningún país de Europa, ni aún el más potente, puede rivalizar, ya desde principios de siglo, con los USA. Y ninguno puede hoy en día rivalizar solo contra Japón.

Si los imperialismos francés, inglés y alemán no se unen en un mercado interior a nivel del mercado interior del continente americano o a nivel de la esfera de influencia japonesa en Asia, las leyes del mercado capitalista mundial van a ejercerse cada vez más contra ellos.

Los trust europeos necesitan elevar su producción al nivel de un mercado interior de varios centenares de miles de habitantes, aunque estos sean cada vez menos solventes ( lo mismo pasa con USA y Japón).

Esto es indispensable para poder competir con las empresas más grandes en el mercado mundial gracias a una producción, una racionalización y una productividad que supere la decena de millones de consumidores.

También hace falta una moneda asentada sobre riquezas y fuerzas productivas a nivel de un continente para poder soportar las vicisitudes de las especulaciones salvajes y sobre todo para que se convierta en una moneda mundial asentada sobre un volumen suficiente de producción de bienes y de mercancías.

El dolar se ha convertido, desde hace décadas, desde hace más de medio siglo, en una moneda internacional remplazando el oro en las arcas de los institutos de emisión de todos los países del mundo. Esto ha permitido que los Estados Unidos vivan durante años exportando su déficit y su inflación.

Hoy en día, no pueden hacerlo tan facilmente y se ven obligados a pedir préstamos ruinosos para financiar los gastos del Estado destinados a sostener la economía.

Pero a pesar de todo exportan su inflación y el mundo entero soporta el dolar.

En lo que respecta a los imperialismos europeos, esto los deja en situación de dependencia y la creación de un mercado a nivel europeo y de una moneda asentada sobre este mercado es la única manera de volverse independientes del dolar y de poder, a su vez, exportar su inflación hacia los países más débiles.

Una crisis en cualquier región de Europa no se traduciría entonces automaticamente por un desorden monetario y una catástrofe comercial. Porque, a partir de cierta superficie, una moneda europea, como en el caso del dolar, se asentaría sobre una economía potente donde las fluctuaciones nacionales locales podrían compensarse a nivel del continente.

Claro está, a las potencias imperialistas de Europa no les hace mucha gracia tener que arreglárselas con sus vecinos, que son justamente sus más próximos rivales. Pero a largo plazo, es la única oportunidad para no verse expulsadas al nivel de imperialismos de segundo o tercer orden.

Para España o para Portugal, la elección es todavía más dramática que para Alemania, Francia o Inglaterra.

Dicho de otra manera, Europa es una máquina de guerra contra USA y Japón. Una máquina de la guerra económica para conseguir que sigan siendo Asia, Africa y America latina las víctimas de la rapacidad imperialista, y para reemplazar las guerras para el reparto del mundo que han ensangrentado la primera mitad del siglo por una guerra económica que solo ensagriente los continentes pobres a través de guerras civiles, espontáneas o provocadas.

Pero, como todo ejército, Europa necesita una jerarquía y no puede tolerar en su seno veleidades de independencia. Hay que poner en fila todos los países, empezando claro está por los más débiles.

Los trabajadores revolucionarios, los militantes comunistas revolucionarios no tienen ni que defender esta Europa imperialista, ni que oponerse a ella, sobre todo en nombre de la independencia nacional. La independencia nacional no tiene nada que ver en todo esto. De la misma manera que la independencia nacional de Francia no se ha visto amenazada durante la segunda guerra mundial por la ocupación del territorio francés por el ejército del imperialismo alemán. Francia seguía siendo un país imperialista y cada uno de los países de Europa, del más grande al más pequeño, incluso el pequeño Luxemburgo, seguirá siendo un país imperialista participando a la explotación del mundo. Esta definición solo se puede no aplicar a ciertos países de Europa del Este. En efecto, estos países han sido siempre semi-colonias del capital occidental.

Los trabajadores, los comunistas revolucionarios no tienen porqué oponerse a Europa, ni claro está militar en contra. Pero tienen que oponerse a su caracter imperialista.

Pero el imperialismo existe aquí mismo. Los que en Francia nos dicen que hay que oponerse al dominio del capitalismo alemán (o inglés... o coreano) sobre el capitalismo francés, mienten a los trabajadores.

Evidentemente, la creación de un conjunto económico a nivel europeo, de una moneda única podría considerarse como un progreso objetivo. Esta es la situación que permitió a USA convertirse en la primera potencia mundial, gracias a una moneda única, una lengua única, un Estado único que se extendió de una punta del continente a otra. Esto no se hizo pacíficamente sino a través de dos guerras sangrientas. Primero la del Norte contra el Sur, la llamada guerra de Secesión, que presenció la victoria de los industriales norteños contra el Sur de los terratenientes. Y después, la que se llamó púdicamente la "conquista del Oeste", la guerra contra los Indios, un genocidio que ha permitido a los Estados Unidos extenderse de un oceano a otro, el fusíl y el sable de caballería en mano.

Hitler no ha realizado la gran Europa, aunque pareció estar a punto de conseguirlo.

Hoy en día, puede parecer que se va a realizar por vías más pacíficas, pero no es verdad que se hace sin catástrofes, sin dramas o sin muertos.

Primero, tenemos el ejemplo de la guerra civil en la ex-Yugoslavia. Y además, tenemos la miseria que aumenta en toda Europa. A lo mejor la veremos recorrida por hordas famélicas, o veremos miserables exterminados por la tropa como durante las peores horas de los sombríos siglos del pasado.

No hay elección. Una Europa y una moneda única, una lengua única podrían ser un progreso considerable para todos los que viven en este continente, pero no bajo el control y la dirección del imperialismo. Como muchas otras cosas por cierto, incluidos todos los progresos técnicos que, en manos de los capitalistas, se acompañan de más miseria.

Por eso no debemos rechazar la supresión de las fronteras, la libre circulación de los hombres y la moneda única, porque éstas no son las causas de nuestros problemas. El mercado común y la moneda única no son más que el último pretexto hoy en día utilizado por nuestros gobernantes.

La única causa de nuestros problemas, es la explotación capitalista, la explotación por nuestros propios explotadores , y hay que empezar siempre por barrer delante de nuestra propia casa y luchar ante todo contra nuestros propios capitalistas, con Europa o sin ella !